Las tres mujeres que busca Marcelo Tinelli para conducir las tardes de El Trece en lugar de “Corte y confección”

Las tres mujeres que busca Marcelo Tinelli para conducir las tardes de El Trece en lugar de “Corte y confección”A fines de agosto llegará a su fin el reality de moda Corte y confección, producción de LaFlia para El Trece, en el marco del contrato que la productora de Marcelo Tinelli tiene con el canal, que incluye un ciclo diario. En general, para las tardes se han producido ciclos satélites del Bailando, la nave insignia del animador, pero desde el 2018 el programa conducido por Andrea Politti tuvo muy buenos resultados de audiencia y se instaló en la grilla.Para reemplazar al ciclo, LaFlia está armando un magazine con una conducción coral femenina, apostando a nombres importantes repitiendo una fórmula que en su momento resultó exitosa con ciclos como Grandiosas en esa misma pantalla.Los contratos no están firmados pero se apunta a un ciclo que mezcle actualidad pero que también siga de cerca las idas y vueltas mediáticas de los programas de la productora en el horario central: en principio el Cantando 2020, y más adelante la llegada de ShowMatch con el Bailando, cuando finalmente los protocolos de salud por la pandemia le permitan desembarcar en pantalla.En lo que va del año, El Trece ha armado tardes con formatos “cerrados” basados en el reality y el entretenimiento pero dejando de lado la actualidad, que pisa muy fuerte desde la pantalla de Telefe, su competencia directa, con el programa de Verónica Lozano, que lidera las tardes. A partir del final de El diario de Mariana, el exitoso ciclo de siete temporadas de Mariana Fabbiani, llegó a la pantalla Mónica Gutiérrez con sus Crónicas de la tarde, pero el ciclo no logró los números de audiencia esperados y salió de pantalla.Por ese motivo, al término de Corte y confección, LaFlia tiene pensado volver a la actualidad en el marco de un programa cuyo formato permita ir y venir, y de esta manera tocar diferentes temas. Incluso, también podría funcionar como satélite del programa nocturno de la productora.Los tres nombres que suenan para llegar a conducir el nuevo programa de las 14:30 en las tardes del canal son los de Soledad Silveyra, Andrea Frigerio y Teté Coustarot. Las tres cuentan con vasta experiencia como conductoras y una gran versatilidad. Dos de ellas, además, son actrices, y todas están acompañadas por una gran popularidad."Corte y confección" finalizará en agostoDel actual armado de Corte y confección participan Florencia de la V y Flavio Mendoza. Tienen mucho protagonismo en el programa y se buscaría la manera de integrarlos al nuevo armado del magazine. En las próximas semanas comenzarán a confirmarse los nombres que formarán parte del ciclo.Hoy por hoy, El Trece divide entre tres productoras sus principales programas diarios. Mandarina realiza el matinal de Ángel de Brito, Los ángeles de la mañana, y el ciclo de entretenimientos de Mariana Fabbiani, Mamushka, que se instaló con algunas modificaciones en base al formato original y jugando con famosos. La productora de Diego Guebel, Boxfish, hace El gran premio de la cocina, que conduce Carina Zampini, y estrenará una nueva versión del programa de entretenimientos Cien argentinos dicen, animado por Darío Barassi. A su vez, Kuarzo realiza Nosotros a la mañana y el programa de juegos que conduce Guido Kazcka, Bienvenidos a bordo, en el prime time. Es decir, dos programas por cada productora en grilla diaria.Uno de los dos que le corresponden a LaFlia es Showmatch, previsto para cuatro emisiones semanales en horario central, que hasta hoy no tiene aire pero que desde mañana será ocupado por el Cantando 2020. Si finalmente Tinelli debuta en la primavera en el canal, compartirá pantalla con el Bailando. El segundo ciclo diario es el vespertino, que hasta finales de agosto corresponde a Corte y confección.SEGUÍ LEYENDOMurió Luis Fuxan, histórico locutor de El TreceTodo listo para el debut del “Cantando 2020”: en qué día y horario arranca el certamen de El TreceTermina “Corte y confección”: qué programa estará en lugar del ciclo que conduce Andrea Politti

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Rolando Hanglin: “Hay que cambiar la Constitución, que los políticos vivan modestamente, que se laven la ropa”

Rolando Hanglin: "No hay nada más lindo que vivir enamorado"“Es fulero encontrarse con la soledad”, dice Rolando Hanglin, que transcurre el confinamiento junto a su perra. En esta entrevista con Teleshow, el conductor de Radio 10 confiesa que aprendió a decir “no sé” y admite que la pandemia “es un asunto sobre el que no tenemos la menor idea”. Sin embargo, no deja de señalar que “es la cuarentena más larga de la historia del mundo”, y que espera que termine pronto.A días de presentar El gato y el zorro, el espectáculo que comparte con el periodista Mario Mactas, Rolando repasa toda una vida de amistad junto a su colega. “Antes de hacer estas actuaciones en radio, las hacíamos en el comedor de la Editorial Atlántida”, cuenta. A tono con los tiempos que corren, los diálogos de estos dos históricos de la radio argentina vuelven al escenario en clave virtual el primero de agosto, a las 19 horas, por Plateanet. “Básicamente, son la personificación del mediocre agrandado”, explica.Rolando Hanglin y Mario Mactas llegan con "El gato y el zorro" en forma virtual—¿Cómo te agarró la cuarentena?—Como a todo el mundo: mal. ¿Cómo me va a agarrar? Horrible. Es una experiencia espantosa, se ha hecho muy pesada. El 38% de los hogares del Gran Buenos Aires está integrado por una persona. Todo esto que anuncian de que los chicos pueden salir a dar la vuelta manzana con los papás... La mitad de la gente no tiene ningún chico ni ningún papá. Somos personas solas. Solos y solas.—¿Te hubiera gustado que te encuentre enamorado?—¿Para qué? ¿Para vivir con ella? No es mala idea: no me gusta la soledad. No hay nada más lindo que vivir enamorado de una mujer, estar en pareja, que ella aporte su femineidad y vos tu virilidad, y que, entre los dos, nos entendamos. Es lindísimo. Me encanta vivir en pareja.—¿Cómo ves las aperturas a la cuarentena que arrancaron esta semana? —No se puede opinar mucho sobre un asunto sobre el que no tenemos la menor idea. Nunca vi un virus, no sé lo que es un virus, ninguno de nosotros sabe lo que es todo esto. Si te dicen: “Lo hicieron los chinos a propósito”, puede ser. Si te dicen: “Se les escapó un bicho”, puede ser. ¡Yo qué sé! “Es un microbio de los pangolines, de los murciélagos”. ¡Y puede ser! No tengo la menor idea, y he aprendido a decir “no sé”.—¿Hay algo del “mediocre agrandado” que mencionabas antes en esto de creer que podemos hablar de todo?—Opinar es un vicio argentino. No se puede opinar sobre cualquier cosa. Todos dicen: “Esperemos no cometer los mismos errores”. ¿Cuáles errores? ¡Por amor de Dios! ¿Cuál error cometimos nosotros? Laburar, progresar... ¿Cuáles serían las correcciones? El otro día leí un libro que explica que no se corrige nada. Cuando hay una gran epidemia es como cuando hay una guerra: cuando termina, lo primero que la gente quiere es olvidarse de que existió y volver a vivir como antes. Me parece lo más lógico. Pero tampoco lo sé.Rolando Hanglin junto a su hija—Cuando todo arrancó parecía que los argentinos nos amigábamos y dejábamos de lado la grieta, pero en el último tiempo volvió a resurgir.—Cuando vimos juntos a Alberto Fernández con (Horacio Rodríguez) Larreta y con este chico Axel Kicillof, dijimos: “Por lo menos pueden sentarse en una mesa a charlar, explicar, entenderse y coordinarse”. Realmente, me hizo una buena impresión. A todo el mundo le pareció bien porque es lo menos que se puede pretender ante una circunstancia tan difícil. Todos los países del mundo están dialogando. ¿Cómo no nos vamos a entender? Después empezaron a tironear: que uno quiere esto, que el otro quiere lo otro... No quiero opinar sobre asuntos que me quedan grandes, no tengo la menor idea de por qué se agrió el ambiente, parece que hubiera acusaciones pendientes, tipos que son culpables... Por ejemplo, los pobres runners: quieren salir a correr, es lo más barato que hay, lo más sano, y parece que tienen la culpa de que se contagie la gente. Justamente, se comprobó que no tenían nada que ver.—¿A los políticos les creés?—No, a ninguno. He tenido esperanzas varias veces y estoy muy desilusionado. Me creí la guerra de las Malvinas. Soy de familia peronista, mi papá fue peronista, y yo creía en (Juan Domingo) Perón. Me crié en Ramos Mejía, un barrio unánimemente gorila. Después fui siguiendo la evolución de mi papá. Me gustó (Arturo) Frondizi... Pasaron tantas cosas. Siempre con la señal del absurdo: ¿cómo puede ser que hagan la Revolución Libertadora para sacarlo a Perón y lo primero que hacen es prohibir la palabra “Perón”? Después fui un zurdito del Nacional Buenos Aires y hoy soy amigo de los que eran fachos, de los que eran zurdos. Somos todos amigos.—¿Te podés sentar con todos en tu mesa?—Ya somos grandes. Como creer, no creo en nadie. Creí en las Malvinas, una gran desilusión y una gran amargura, después en Menem. Con Menem viví bien. A Alfonsín lo quise mucho; por lo menos, algunas cosas hizo. No le fue bien en la parte económica, pero acá, ¿a quién le va bien? A casi nadie. Nuestro martirio es la inflación. Y tengo, por supuesto, mi propio libreto.—¿Cuál sería?—Hay que cambiar la Constitución. Cambiarla en cosas muy simples. Nadie puede ganar más de lo que gana un obrero, tiene que haber un coeficiente: el obrero básico gana 1, entonces el CEO y el Presidente de la Nación ganarán 10 o 12. Nadie tiene coche oficial, nadie tiene custodio, nadie tiene chofer. Que vivan modestamente, como en Suecia, en un departamento de 40 metros cuadrados, sin lavarropas. Que los políticos se laven la ropa. Nadie puede nombrar (en un cargo público) a un familiar, ni a su señora, ni a su hijo, ni a su cuñado ni a nadie. Ese es el ahorro que tiene que hacer la Argentina.—¿Hablás solo de la clase política o también de la empresaria?—La clase empresaria es privada, que haga lo que pueda. Hay que adelgazar el Estado. Es el Estado el que imprime la moneda, el que gasta; no los particulares. Los particulares no gastan un mango. Trabajo en la empresa privada desde hace 40 o 50 años y sé lo que es pelear un sueldo y que no te ayude nadie.—Y en cuanto a salud y educación, ¿también recortarías el gasto?—No. No creo que haya que hacer ningún cambio, ni en salud ni en educación. Ni me interesa la educación sexual. Las leyes hay que dejarlas como están. Lo que hay que cambiar es la esencia de la constitución del Estado.Rolando Hanglin en su última visita a Infobae—¿Las planes de ayuda y la política de subsidios?—Claro, eso. Por supuesto que en situaciones de emergencia, como la que estamos viviendo, algo hay que hacer. Pero en todo caso, subvencionar a los que no tienen un mango y están durmiendo en la calle, no a los senadores ni a los jueces que terminan ganando 600 mil pesos por mes. ¡De ninguna manera! Que ganen un sueldo razonable, modesto. No creo que el Estado tenga que intervenir demasiado en los negocios de la empresa privada. Que haga cumplir la ley, las leyes laborales, por supuesto, pero no puede ser que entren a la política, al sindicato, al fútbol y otras organizaciones, que son mitad públicas, mitad privadas, y salgan multimillonarios. Que tenga una gran posición económica Marcelo Tinelli me parece bárbaro porque se lo ganó él: juntó gente talentosa muchos años, tiene rating, vende. Es un negocio lícito. No veo cuál es el negocio de que el país tenga jueces, diputados, senadores. Tienen que vivir decentemente, pero sin ninguna abundancia.—¿Qué cosas te dieron placer durante estos meses? ¿Pudiste conectarte más con la lectura, las series, cocinar?—Ninguna. En este momento de mi vida no veo televisión. Tengo el plasma frente a la cama, pero veo la pelea y el partido; lo demás no me interesa. Radio escucho todo el tiempo. Leo mi diario todas las mañanas. Tengo mi radio debajo de la almohada, una chiquita: a veces me quedo despierto toda la noche. Con la pandemia se te dan vuelta todos los horarios, es un espanto.—¿Te estás levantando tarde?—Me tengo que levantar tarde porque mi programa va de diez de la noche a una de la mañana. Llego a casa, me caliento la comida, las viandas, porque estoy en la onda vianda, y me tomo mi botellita de vino, pero no me duermo tan fácil. Entonces pongo la radio y sigo escuchando. A veces está (Marcelo) Longobardi o (Gustavo) el Gato Sylvestre: los escucho porque todavía estoy despierto. Después, me levanto a la una. Duermo poco porque estoy muy preocupado por las cuestiones de dominio público.—En medio de este contexto tan complejo, se viene la obra. —Es una especie de terapia. Decimos la imbecilidad más grande pero con postura de tipo serio y eso nos hace reír. Le enseñamos a la gente cómo se gana el primer millón de dólares.—¡Está bueno eso!—Un dólar cualquiera consigue, ¿no es cierto? Lo ponés planchadito arriba de la mesa, y al día siguiente, te conseguís otro dólar. Vas haciendo una pila, y al cabo de un millón de días, tenés un millón de dólares. Nuestro sistema económico para solucionar el problema argentino es aferrarse al siguiente principio: es mucho mejor ser rico que ser pobre (risas).—Lani, ¿cómo me preparo en casa para ver El gato y el zorro?—Me parece muy adecuado tomarte un champán o una copa de whisky y brindar a la escocesa, que es llevarte el vaso al pecho y servírtelo sola, como debe ser.Seguí leyendo:Guido Kaczka recordó junto a Felipe Colombo cuando Luciano Pereyra terminó en el hospital por su culpaEl conmovedor recuerdo de Lizy Tagliani sobre su infancia: “No elegí ser quien soy”

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“¡Tetitas arriba!”: la increíble vida de Verónica Lercari, la mujer que lleva 25 años haciendo gimnasia en televisión

Verónica Lercari es kinesióloga, fisiatra y se formó como bailarina en el Teatro Colón. Desde mediados de los '90 conduce diferentes programas en la tv de cable donde enseña a cuidar el cuerpo– Lo de “tetitas” vino porque yo quería explicarle a la gente cómo ubicar el cuerpo, ¿sí? Y usando la entrelínea o hablando difícil no te entienden. Si yo me pongo a hablar con lenguaje médico no te entiende ni el loro. Entonces un día en una clase, dije: “Bueno, chicas, levantan las tetitas, ¡tetitas arriba!”. Y se colocaron perfecto.— Bien gráfico.— Es que dije: “Bueno esto no falla”. Y no falló. ¿Para qué le voy a estar diciendo a la gente “contraeme el espinoso, levantame el esternón, el cartílago costal” y la reputa que lo parió ¡si no lo van a entender!Verónica Lercari (57) habla sin dar vueltas. Así se dirige al público que la sigue fiel desde hace más de 20 años en los diferentes programas de televisión por cable en los que se puso al frente (A pleno, Mi gimnasia, entre otros). Y así sigue hasta hoy, llama “mi reina” o “mi rey” a las personas que miran a través de la pantalla su imagen magnética –mallas de bailarina, a veces flores en la cabeza, elementos muy simples como decorado, una pandereta–, invita a los televidentes a dejar a un lado el mate y poner el cuerpo en movimiento, muestra algún secreto de los huesos y lo ilustra con Gregorio, un esqueleto que tiene siempre a mano. Y dice el infaltable “tetitas arriba”, claro, cuando quiere indicar un movimiento bien específico, que es parte de su propio método (“Verler”) que creó para el entrenamiento corporal.En la actualidad, Verónica Lercari tiene su emblemático programa en el canal Metro. Antes pasó por El Canal de la Mujer, Plus Satelital y Utilísima, entre otros (Infobae)Inquieta y siempre interesada en el mundo del arte, Lercari comenzó su carrera como bailarina. Con su padre violinista en una orquesta sinfónica, ya a los 4 años sintió una suerte de fascinación por ver a las chicas jóvenes ponerse en acción a partir de los sonidos de la música.“Cuando sos la hija del violinista ¿dónde te dejan? ¡En la clase de danza tirada ahí! (risas) Era muy chiquita todavía para tomar clases y tampoco me dejaban sola, te estoy hablando de 53 años atrás, era medio campestre todo. Pero desde ahí tengo imágenes muy claras: me quedaba sentada en el aula de danzas y veía a las bailarinas pasar. Pero lo que me fascinaba no era tanto la danza en sí misma, sino el tema de cómo los músculos de los bailarines cambiaban las formas, cómo eran sus cuerpos en los movimientos. Me llamaba la atención que las bailarinas giraban y giraban y les cambiaba la musculatura, la forma. Eso me llevó al Teatro Colón, hice la carrera y llegué al ballet del Colón, como refuerzo, como se llamaba en aquella época”, le cuenta a Teleshow en diálogo telefónico, mientras pasa sus días de cuarentena en su departamento porteño con su marido.Lercari siempre eligió un atuendo muy particular para dar sus clases: ropa de danza y flores en la cabeza–¿Y cómo fue que dejaste la carrera de bailarina?–Me pasó a los 22 años que sentí que la danza así, de forma profesional, cuando estás obligado a hacer la misma pirueta todos los días no me terminaba de cerrar. Una cosa es el artista, el artista que crea el arte, y otra el bailarín de compañía que repite el arte. Es como que tenés que repetir la obra, es como pintar la misma pintura. Y para mí pintar la misma pintura no era arte, no era lo que yo vine a hacer a este mundo, o sea, estar repitiendo. Una cosa es hacer una vez o dos algo, pero cuando ya tenés que repetir todas las noches lo mismo ¿por dónde pasa el arte? Ahí fue como muy fuerte la pregunta y renuncié. Lo mío siempre fue así, de mucha audacia.–¿Qué pasó después? ¿Buscaste otro trabajo?–Me hice la canchera y después nada, ¡no sabía hacer un pomo! (risas) Me preguntaban: “¿Sabés escribir a máquina?”. “No”. “¿Sabés computación?”. “No”. “¿Sabés inglés?”. “No”. “¿Qué sabés hacer?”. “Bailar”. Para hacerla rápido, de ahí termino trabajando en una fábrica, me hago obrera.Antes de crear su método, Verónica trabajó en una fábrica textil y vendió artesanías en la calle— ¿En una fábrica de qué?— Textil. Aprendí a coser en todos los tipos de máquinas que te puedas imaginar. Al mismo tiempo empecé a estudiar teatro y me presenté para un casting donde fui elegida por (Silvio) Berlusconi, el italiano, el famoso, y de ahí salté a lo que sería la televisión y a hacer novelas.En Manuela, una de las grandes telenovelas argentinas, protagonizada por Grecia Colmenares, Jorge Martínez, María Rosa Gallo y Gabriel Corrado, Lercari interpretó a Chela, una empleada doméstica muy particular, que estaba enfrentada con su par Luisa, personaje interpretado por Andrea Politti.Para entonces, Lercari había empezado de a poco a investigar cuestiones vinculadas con el cuerpo humano, el entrenamiento y la gimnasia. Quería encontrar un método que le sirviera a ella misma y que pudiera transmitir a los demás. No se sentía cómoda en los gimnasios (“Me pasaba que yo iba y les decía ‘esto está mal’ y por qué, porque a mi cuerpo no le gusta, se siente incómodo haciendo esto'”, apunta).Verónica Lercari junto a María Rosa Gallo en la telenovela "Manuela"“Mientras tanto desarrollaba mi método de gimnasia en mi humilde casa, un departamentito que tenía en Once, voy al casting. Eran todos famosos, ¿viste?, toda gente grosa, para hacer una novela que se llamó Manuela y que tuvo un éxito terrible y sigue teniendo mucho éxito en Italia y en distintos lugares. Yo me presenté y me dieron un papel con un pedacito de texto que me vino como anillo al dedo porque justo era una pobre chica, viste, cuando trabajaba en una fábrica.— Era para vos.— Claro, yo dije: “Esta soy yo”. Una chica a la que acusaban de que había robado no sé qué cosa y ella no se había robado nada. Yo con mi cara de pobre angelito mandé mi melodrama ahí. Eso viajó a Italia, los videos del casting, y me elige Berlusconi. Ahí pasé de la fábrica al elenco estable donde yo era una de las malas junto con María Rosa Gallo (risas). Trabajamos un año, fue una novela de muchísimo éxito. La hacíamos acá a dos cuadras de la casa donde vivo ahora. Viste que la vida siempre te encuentra.— ¿Cómo te llevaste con el éxito?— Fue como un sueño, fue como bailar en el Colón. Lo pasé muy bien. ¡Y además ganaba en dólares! Si en la fábrica ganaba 100 dólares, ahí pasé a ganar mil dólares por mes. O sea, ganaba casi un año en un mes."A pleno", uno de los memorables ciclos de Verónica Lercari en el cable, fue muchas veces exhibido y hasta parodiado en los programas de archivo de televisión. Ella asegura que le divertía verlos (Infobae)— ¿Qué pasó después de Manuela? — ¡Me quedé sin nada otra vez! Porque mi vida siempre fue así. Tenía que pagar el alquiler. ¿Y qué hice? Como era muy habilidosa, porque había aprendido a coser en la fábrica y sabía de telas, me fui al Tigre, al Puerto de Frutos, me compré un montón de huevadas, de paja, y me vine en ese colectivo, el 60, con la paja, unos canastos y todo. Entonces me puse a vender eso en la calle, ¡me hice mantera! (risas). Tenía el (cine) Cosmos a dos cuadras de mi departamento y me ponía una manta en el piso, siendo famosa ahí firmaba autógrafos, no me importaba nada, porque a mí nunca me importó nada. Siempre fui trabajadora, mientras vos hagas algo honesto y no le robes a nadie, ¿cuál es el problema?— ¿Dejaste la actuación para siempre?— Lo que pasa es que no me banqué la actriz porque en esa época era muy machista el ambiente. Yo era muy bonita, no te voy a mentir, tenía un cuerpito divino, y la verdad había mucho abuso sexual. Por ejemplo, te decían: “Vení a un casting”. Y después te cerraban la puerta, te decían: “Bueno, bajate la bombacha, mostrame”. Y salí corriendo.Luego de estudiar por muchos años, Lercari armó su sistema propio de entrenamiento corporal al que llamó "Verler"–¿Cómo empezás a desarrollar tu método de gimnasia, de cuidado del cuerpo?– Siempre busqué aquella pasión de mis 4 años. Cuando trabajé como obrera la verdad que la pobreza me pegaba fuerte y necesitaba llenar una especie de hueco porque tenía mucha vitalidad, era muy joven. De alguna manera ahí invento el método. Quería hacer algo que no fuera la danza pura: las últimas veces que bailé terminaba tirada en el suelo con muchísimo dolor, me sangraban los pies. Y cuando tenés necesidad económica, no podés pagar un lugar. Yo nunca estuve de acuerdo con el gimnasio en sí, ni con la danza, ni con lo que se hace en ese tipo de lugares con el cuerpo. Entonces dije: “Bueno, lo voy a inventar si no existe”. Y empecé a probar, me di cuenta de que lo que estaba pasando con mi cuerpo era bueno a través de lo que yo había creado. Y salí con unos papeles escritos con birome, porque no tenía un peso para hacer nada, empecé a volantear y así empezó mi carrera más conocida, digamos. Después estudié kinesiología para darle contexto científico y respuestas a las preguntas que me hice cuando tenía 4 años, ¿por qué la forma cambia cuando me muevo?, ¿inflo músculos?, ¿para qué están?, ¿para qué sirven?, ¿qué es lo que hacen?, ¿cómo los cuido?Uno de los videos recientes del canal de YouTube de Verónica para ejercitar los músculos de la cara (Infobae)–¿Creés que se usan métodos de entrenamiento muy agresivos actualmente?– Yo soy una ferviente creyente en Dios y siempre me siento conectada. Hay una parte de la Biblia que dice “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza” ¿no? Es una frase muy conocida. Entonces no creo que pueda ser tan imbécil de hacer un cuerpo que para entrenarlo sea un sacrificio. Hay algo que está mal, yo observo los animales, observo a mis gatos –soy gatera ¿viste?– y ellos se mueven con placer y lo hacen cuando lo necesitan. A veces me encuentro con cosas muy desagradables, de un nivel de violencia visual tremendo cuando veo estas chicas que se entrenan de una manera tremenda.–¿Te molesta ver eso?–Es como que no nos respetamos corporalmente. Una articulación tiene una forma arquitectónica que se formó cuando vos naciste y creciste. Lo que yo busco es eso, entender el movimiento desde el origen y tratar de sistematizarlo. Pero ahora a vos te dicen que la gimnasia fisiológica es como esto que no voy a nombrar (N. de la R.: se refiere a las técnicas que en la actualidad son muy populares en la práctica del crossfit) donde levanto una rueda de camión y revoleo la cosa para arriba y me cuelgo de las lianas. ¡El ser humano no se mueve así! ¿quién se cuelga de las lianas? ¿Tarzán? ¿Los monos? ¡No jodamos! ¿Para dónde estamos yendo? Además hay que ubicarse en la época, yo no sé lo que hubiera hecho mi cuerpo hace 4 millones de años, tampoco me interesa porque ya mi cuerpo es otro."Yo creo que la televisión es un medio extraordinario muy mal usado, porque la televisión es el medio más barato para llevarle cultura a la gente. Con la televisión vos le llevás viajes, le mostrás el mundo. Le mostrás la ciencia. Educás", asegura la conductoraA mediados de la década del ’90, ya con su propio estudio y dando clases de manera privada, Verónica Lercari decidió llevar su método de gimnasia “Verler” a la televisión. “Pensé: ‘esto la gente lo tiene que disfrutar, tiene que poder, se lo tengo que contar a la gente’. Entonces qué mejor que una pantalla. En aquella época lo que hice fue un piloto y Martín Wullich me hizo de padrino de alguna manera y me presentó a la gente del Canal de la Mujer, que ya no existe más, y ellos me dieron un espacio”, recuerda.Eran tiempos de explosión de distintas señales y en la Argentina se multiplicaban los abonados. Su cara y sus programas –con una puesta muy simple, a veces una alfombra o una silla y pocos elementos– se convirtieron en sinónimo de ejercicio en casa. Desde entonces no paró: a partir de 1995 pasó, entre otros, por Utilísima Satelital, Plus Satelital y Metro, donde en la actualidad conduce su ciclo con su estética muy particular. En la actualidad, Verónica utiliza también sus cuentas de Instagram y Youtube para incentivar a la gente a hacer ejercicio (Instagram: @veronicalercari) (Infobae)Llegó, incluso, a tener una temporada en el viejo Canal 21 (hoy Orbe 21, perteneciente al Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires), que debió terminar cuando la llamaron desde el despacho de Jorge Bergoglio, que todavía no se había convertido en el papa Francisco, para pedirle que no mostrara más en cámara al esqueleto que Lercari utiliza siempre para mostrar los diferentes huesos porque para algunos televidentes esa imagen “representaba a la muerte”.“Yo dije: ‘¿Pero por qué voy a sacar al esqueleto si es un tejido humano que Dios creó justamente para no tener que reptar como las serpientes?’. O sea, gracias al esqueleto hago palanca con los músculos y me erecto en contra de la gravedad”, recuerda.Con sus conocimientos de kinesiología, Lercari muestra algunas cuestiones vinculadas con el funcionamiento del cuerpo en el programa. Lo hace con la ayuda de un esqueleto al que llama Gregorio (Infobae)– En todos tus ciclos te mostraste siempre con una estética muy definida: ropa de danza, flores en la cabeza, una pandereta. ¿Eso lo pensaste vos o se fue dando con el tiempo?–La pandereta tiene una lógica total porque como yo soy una sobreviviente, si vos usás música te cobran derecho de autor. Ahora existe la música que vos podés comprar para los programas, tener los derechos, pero antes no había ¿te acordás? Con el tiempo fue fabuloso porque yo nunca usé música, en el fondo porque la música me marca un ritmo y no quiero que nadie me marque nada, viste cómo soy de caprichosa ¿no? Lo de la malla fue porque yo soy bailarina y si me pongo ropa de gimnasia nadie ve lo que estoy haciendo y no me parece lindo ni limpio visualmente viste. A mí me pones un jogging y cagaste, no ves nada. O me ponés una calza y quedo como un tapón (risas). Entonces vos estás haciendo zapping y ves una señora en malla, con pandereta, flores y un esqueleto, ¿no te quedás un segundo a verme? ¡Te quedás!Verónica Lercari se caracteriza por su manera muy frontal de dirigirse a los televidentes (Infobae)–En una época aparecías seguido en los programas de archivos y de resúmenes porque llamaba mucho la atención lo que hacías en los programas. ¿Te molestaba? ¿Te divertía?–Me divertía a mí, ¡a mí me re divierte la televisión! Yo creo que la televisión es un medio extraordinario muy mal usado, porque la televisión es el medio más barato para llevarle cultura a la gente. Con la televisión vos le llevás viajes, le mostrás el mundo. Le mostrás la ciencia. Educás. Hay programas buenísimos y hay canales muy buenos, no voy a hablar por todos. Pero bueno, yo tengo que pagar para estar. Por ahí la gente no sabe que yo pago. Parece que hacer algo con contenido hay que pagarlo entendés, tenés que pagar. No debería ser así.Verónica Lercari en tiempos de pandemia y aislamiento social (Instagram @veronicalercari) (Infobae)–¿Cambió con el tiempo la forma de enseñar lo que vos enseñás?–Siempre me gustó educar, me gusta que tenga un sentido lo que hago. Creo que el cuerpo da para mucho más que levantar un glúteo, y que levantar un glúteo, por otro lado, es mucho más que lo que se muestra y para qué se muestra. Creo que es como desmerecer el aparato locomotor lo que muchas veces se ve. Yo lo que veo un poco en el fitness, así como se vende o como lo muestran, es como una especie de prostitución del cuerpo por decirlo de alguna manera ¿no? Pareciera que tenés que tener los músculos aceitados y ¿viste? El hilo dental en la cola y con eso ya está."Yo tengo a mi público de siempre en mi estudio, no es que me explotó por estar en cuarentena", asegura Lercari sobre la cuarentena y hacer ejercicio en casa en tiempos de pandemia– En estos tiempos de distanciamiento social por la pandemia, muchos están intentando hacer algún tipo de ejercicio en casa, algo que vos venís promoviendo hace tantos años. ¿Te contactó más gente desde que estamos más encerrados? ¿Hay un boom de entrenamiento en casa?–Yo tengo a mi público de siempre en mi estudio, no es que me explotó por estar en cuarentena, te voy a decir la verdad. En cuarentena agregué a mi alumnado gente de otras partes del mundo que ya me conocían, que conocen mi trabajo, y aprovecharon este medio y la tecnología para poder hacer las clases de mi instituto en vivo. Como que les abrió la puerta. Pero no creas que es una cosa gigante, yo creo que han exagerando con eso de que ahora todo el mundo hace yoga en casa o gimnasia, por ahí al principio fue así y ahora, como dicen, bajó la curva (risas). Me parece que hay una exageración. De todas maneras sí creo que la tecnología y esto vino para quedarse a nuestro rubro. Yo vengo diciendo desde hace 10 años que hay que hacer todo con streaming.Seguí leyendoLa increíble vida de la primera “cholula”: tiene 91 años y fundó un club de cazadoras de autógrafos que inspiró esa palabraDe Miss Argentina a “El Clan de Patsy”: la sorprendente vida de Patricia Lage, la “Xuxa nacional” de los años 80Tamara Di Tella, entre el adiós a su imperio del método pilates y el duelo por la muerte de su marido: “Hablo con Torcuato todo el tiempo”Amores prohibidos, besos apasionados y escenas de alto voltaje: las parejas de las telenovelas argentinas que hicieron historia

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