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NIO aspira a ser el “Tesla chino” del coche eléctrico, pero su gran reto es no acabar como todos los que lo intentaron y fracasaron antes

NIO tiene solo cuatro años de vida, pero cada vez está más de moda. El fabricante de coches eléctricos chino ha logrado en 2018 batir sus previsiones de entregas y ha suministrado 11.348 unidades de su primer SUV, el ES8. Pero, ¿cuál es la historia de NIO y qué pretende hacer en 2019? ¿Por qué algunos la señalan como el Tesla de China? Vamos a intentar aclarar todos estos puntos. El surgimiento de NIO NIO fue fundada en noviembre de 2014 en Shanghai (China) por William Li, con el nombre de NextEV. Li es también el fundador de la empresa Bitauto Holdings Ltd., una empresa enfocada en el mundo de la automoción pero en marketing y contenidos digitales. En Xataka Si eres capaz de hackear un Tesla Model 3, te lo llevas a casa de regalo El primer coche que presentó NIO fue el deportivo EP9, que ha batido varios récords del mundo al ser el vehículo comercial más rápido en varios circuitos de competición. Además, NIO ha participado en la competición más prestigiosa de coches eléctricos, la Formula E. El deportivo NIO EP9 Realmente el EP9 es un coche muy elitista. Su precio ronda los 1,5 millones de dólares y según los datos proporcionados por la compañía, se han producido 16 unidades (6 de las cuales se han venido a inversores) En Xataka NIO ES6: haciendo sombra al Tesla X por solo 45.000 euros y autonomía de más 500 km Posteriormente NIO empezó el diseño del SUV ES8. Un vehículo mucho menos elitista, con un precio de partida de 65.000 dólares. Las entregas de este vehículo comenzaron a mediados de 2018 y en esos escasos seis meses ha logrado entregar las 11.000 unidades que comentábamos antes. En los planes de futuro está la creación de un nuevo SUV más compacto, el ES6, cuyo precio de partida será de 53.000 dólares. NIO ES8 Empresarialmente NIO ha tenido el apoyo financiero de gigantes de la inversión como Tencent, Baidu, Lenovo o Sequoia, en diversas rondas de financiación desde el establecimiento de la compañía. En 2018 salió a bolsa y marcó un punto de inflexión en la compañía. La salida a bolsa Crear una marca de coches y empezar a diseñar y fabricar no es nada barato. Antes de la salida a bolsa NIO tuvo varias rondas de financiación. Según los datos de Crunchbase en varias rondas NIO había levantado casi 2.500 millones de dólares de capital. El siguiente paso, después de la última ronda de 2017, era obviamente la salida a bolsa. A finales del año pasado NIO logró salir a bolsa. Aunque hubo estimaciones iniciales altas, lo cierto es que la valoración final fue baja y NIO logró levantar únicamente 1.000 millones de dólares de capital. La compañía cotiza en la bolsa de Nueva York, aunque a través de una estructura algo rara debido a la prohibición de la legislación China de que las compañías tengan dueños extranjeros. NIO ES6, todavía no disponible para su venta El caso de NIO es similar al de otras empresas China. La empresa que tiene residencia en China tiene por dueños a sus directivos. En cambio la que cotiza en Nueva York está afincada en las Islas Caimán. La empresa China paga comisiones y royalties a la empresa extranjera. El riesgo es que en algún momento se rompa esta relación dual y los dueños extranjeros se queden con una empresa vacía. Por eso las empresas chinas tienen un riesgo mayor cuando se invierte en ellas. Los números de NIO ¿Por qué necesita tanto dinero NIO? Hay que pensar en todo lo que necesita una marca para empezar a vender vehículos. NIO (en dicha época NextEV) fue fundada en 2014. Hasta 2016 no estuvo listo el deportivo EP9, y ya habían levantado más de 600 millones de dólares. El EP9 fue únicamente marketing, ya que los ingresos por sus ventas, según nuestros cálculos, no superaron los 50 millones de dólares. Luego en 2017 se anunció el ES8, que se comenzó a entregar en 2018. Es decir, cuatro años y apenas ingresos. Y ya levantados 2.500 millones de dólares y otros 1.000 más en camino con la salida a bolsa. Y si el precio medio del ES8 ha rondado los 75.000 dólares (no es un dato público) estamos hablando de que han ingresado únicamente 800 millones de dólares, que no compensa el dinero captado ni de lejos. Y eso que la fabricación del ES8 ha sido subcontratada (a JAC Motors), cosa que quieren cambiar en el futuro con fábricas propias en Shanghai. Crear una marca de vehículos, diseñar y fabricar es un negocio muy caro. Por eso hay tan pocas marcas de coches en el mundo. Es un negocio muy complejo con muchos proveedores, inversiones grandes tanto en diseño, marketing y fabricación y muy regulado (es de los pocos productos que tienen que homologarse para venderse). Los paralelismos con Tesla Mucha gente habla de NIO como el Tesla chino, ya que existen muchos paralelismos entre ambas compañías. Primero, está impulsada por una persona con mucho empuje (Elon Musk en el caso de Tesla, William Li en el caso de NIO) con amplia experiencia en crear empresas e invertir en el mundo de Internet. Ambas compañías creen en el futuro eléctrico, nada de motores de combustión. Ambas compañías empezaron con un deportivo caro y poco a poco van anunciando modelos más baratos para ir llegando al gran público. Y ambas creen en un hecho diferencial frente a la competencia: en el caso de Tesla su red de supercargadores; en el caso de NIO su red de cambio rápido de baterías. Ambas empresas tienen algo que encanta a sus clientes. Un halo nuevo, de marca de futuro. No venden únicamente un coche, venden una experiencia y sus dueños presumen de tener este vehículo. Ambas compañías están logrando que tener uno de sus modelos sea algo más que tener un simple coche eléctrico. El interior del NIO ES8, con una consola central muy parecido a los Tesla Y es cierto, como no, que NIO se inspira en los diseños de Tesla (algo muy común en la mentalidad china, copiar no está mal). No hay más que ver el interior de ES8, con una pantalla vertical grande en la consola central, como Tesla nos tiene acostumbrados desde el Model S. Y, por supuesto, el precio. Tesla lleva años prometiendo precios de coche eléctricos similares a los de gasolina, pero hay que hacer verdaderos malabares para que esto sea así (ayudas públicas y precio por kilómetro debido al menor coste de la electricidad respecto al combustible pero que depende de los kilómetros recorridos). NIO sí que parece que está ofreciendo precios ajustados a sus equivalentes de gasolina, aunque de momento sus modelos son de un segmento alto (no todo el mundo usa SUVs de 53.000 dólares) Pero NIO no es Tesla Sin embargo, NIO está lejos de ser Tesla. Primero, tiene mucha menos experiencia. Apenas tienen un par de modelos en producción y Tesla ya ha pasado por varios modelos, con más historia y una red tanto de servicio como de supercargadores casi global. NIO de momento sigue limitándose al mercado chino. En Motorpasión NIO echa un cable (al cuello) a Tesla y ofrece puntos de recarga móviles para sus coches eléctricos La historia de que el EP9 de NIO es parecido al Roadster de Tesla no es del todo paralela. El EP9 es mucho más exclusivo que el Roadster, solo ha vendido 16 unidades y los ingresos son anecdóticos para NIO. El Roadster original se vendió a nivel mundial, por un precio sensiblemente inferior al EP9 (unos 100.000 dólares por unidad), y unas 2.500 unidades totales. Tesla tiene un hecho diferencial frente a su competencia y es la gran autonomía. Siempre ha ido por delante del resto de la industria que miraba los eléctricos como un nicho pequeño. NIO tiene todavía autonomías algo escasas y comparables al resto de fabricantes tradicionales cuando se aproximan al coche eléctrico (aunque prometen algo distinto con el ES6). NIO todavía no tiene fábricas, y esto es imprescindible para escalar el negocio, ya que subcontratando no se puede llegar a los márgenes necesarios para dejar de vivir de ampliaciones de capital. Tesla tiene todo ese camino recorrido y parece que ha llegado, por fin en 2018, al final de su camino de levantar capital ya que por fin ha dejado de quemar caja. El nuevo Tesla Roadster, todavía no disponible para la venta Tesla va un paso por delante de NIO, con múltiples modelos, tanto SUV (model Y) como no SUV (model S, model 3). Eso sí, parece que NIO cuenta con unos precios más ajustados que Tesla, aunque es complicado comparar ya que NIO vende únicamente en China, habría que ver sus precios fuera del país, cumpliendo las regulaciones de Europa o EEUU. Lo único cierto es que NIO ha logrado llegar al punto en el que está más rápido que Tesla, y que ha levantado mucho dinero (3.500 millones de dólares) de muchos inversores que también en su día confiaron en Tesla, luego es una apuesta, sí, pero con ciertas expectativas no descabelladas. El futuro de NIO NIO tiene muchos retos por delante. 2018 fue un año crítico, ya que empezó a suministrar su primer vehículo masivo. El primer reto está superado, ya que ha logrado batir sus previsiones. Pero 2019 también está lleno de retos. NIO tiene por delante empezar a construir sus propias fábricas, el lanzamiento del ES6, seguir a buen ritmo las entregas del ES8 y crear su red de cambio de baterías. Muchos retos y cualquier pata que se caiga podría hacer tambalear la empresa. Además hay dos problemas importantes en el horizonte. Por un lado NIO está centrado en el mercado chino, y China está entrando en recesión. Y además está afectando precisamente al consumo de coches, las ventas han caído por primera vez en 20 años. Por otro lado exportar no va a ser lo más fácil. La guerra comercial que China mantiene con EEUU va a dificultar su expansión internacional, y no hay que olvidar que muchas marcas internacionales fabrican en China para evitar aranceles, la última de ella Tesla (que puede ser el principal competidor de NIO). En el pasado se ha oído hablar en múltiples ocasiones del "Tesla-killer", marcas que lograrán superar a Tesla y convertirse en el referente de los eléctricos. Casi todas han quebrado por el camino (como por ejemplo la alabada Faraday Future). ¿Tendrá NIO el mismo final? Es pronto para saberlo. Desde luego es la compañía de coches eléctricos puros con más inversión (después de Tesla) así que algo tiene que la hace especial. También te recomendamos El futuro está llegando: vamos a vivir una transformación a lo bestia Mientras Elon Musk fuma marihuana en YouTube, dos ejecutivos de Tesla renuncian y la compañía cae en bolsa NIO ES6: haciendo sombra al Tesla X por solo 45.000 euros y autonomía de más 500 km - La noticia NIO aspira a ser el "Tesla chino" del coche eléctrico, pero su gran reto es no acabar como todos los que lo intentaron y fracasaron antes fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Nieto .

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Mitad tablet, mitad tablero: así es SquareOne, la consola compatible con cartas, figuras y dados que quiere modernizar los juegos de mesa

La combinación de lo físico y lo virtual da pie a muchas posibilidades. Es el caso de SquareOne, un dispositivo creado por la startup francesa Wizama y que se presenta como el "primer tablero conectado del mundo". Durante el pasado CES 2019 tuvimos la oportunidad de hablar con sus creadores y poder probar este curioso producto. Aquí os explicamos en qué consiste y cómo combina una interfaz virtual con accesorios físicos como figuritas, dados o cartas. En Xataka Los 18+1 mejores juegos de mesa y cartas de lo que llevamos de 2018 Un tablero de 19" conectado para jugar varias personas SquareOne es un dispositivo que bien puede describirse como una tablet grande. Tenemos un tablero con una pantalla LCD de 19 pulgadas multitáctil, donde por su tamaño ya podemos anticipar que no es un dispositivo muy móvil. Tiene un grosor de 31mm y un peso de algo más de 3 kilogramos, pero eso no es un impedimento realmente ya que lo habitual es que quede fijo encima de la mesa. Contamos con cuatro altavoces, un almacenamiento de 64GB y puerto USB, pero no son estas las características que lo convierten en un producto curioso. Frank Botta, CEO de Wizama, y Didier Guillemot, creador del backend, nos explican cómo funciona realmente su dispositivo. Estamos ante una consola donde la pantalla táctil sirve para mostrar el tablero y ofrecer gráficos animados, pero también tenemos compatibilidad con peones, cartas y dados que permiten interactuar como su fuera un juego de mesa tradicional. Al probarlo es muy interesante, ya que tenemos los elementos clásicos con un aspecto más moderno. Pensemos por ejemplo en el dado. Desde la pantalla podemos lanzar dados, pero la experiencia de tenerlo en la mano es mucho más agradable. SquareOne permite jugar hasta cuatro jugadores, uno en cada borde del dispositivo. De hecho, justo en estos bordes es donde se encuentran gran parte de los sensores utilizados para detectar por ejemplo las cartas utilizadas. El dispositivo cuenta con hasta 26 ranuras donde añadir y colocar las fichas de cartón, específicamente creadas para utilizarse junto al producto y conectarse mediante chips RFID. Hacerlo funcionar es tan sencillo como agarrar una carta y colocarla justo encima del borde; de repente la pantalla la detectará y se aplicará la técnica de esa carta en concreto. En el caso de los dados, contamos con un cubilete conectado mediante bluetooth que es capaz de identificar el resultado del lanzamiento del dado. No funciona con cualquier dado, pero es igualmente llamativo la primera vez que lo probamos y vemos que en la pantalla se nos permite mover el mismo número de casillas de lo que hemos lanzado. Para moverse, el SquareOne cuenta con figuritas que podremos deslizar encima de la pantalla. Pero aquí está el verdadero potencial; cada juego tiene su propia interacción con las piezas del dispositivo. En uno de ellos las figuras actúan como peones, pero en otro de los juegos podemos moverlas como si fueran pequeñas naves. Por el momento, en la demo que nos enseñaron únicamente tenían dos juegos disponibles pero aseguran que ya tienen más de cinco juegos completos. También nos enseñaron los menús principales, con una interfaz muy cuidada y que nos pareció bastante estable. Los juegos disponibles son los siguientes: 'Oya Stones': un juego inspirado en las 'serpientes y escaleras' donde se utiliza el dado para avanzar y las cartas para defenderse o atacar. 'Chromacy': un juego de conquista táctico. Cada jugador se mueve por el tablero y ataque a otros oponentes para ganar recursos. 'Krubera': juego táctico y casual donde simultáneamente cada jugador debe disparar a piedras preciosas. 'Cosmo Squabble': un shooter 2 vs 2 con un estilo de dibujos animados y ambientación espacial. 'Cheesaria': un juego de ajedrez. 'Fistful of Screws': un juego de rol. Los jugadores disponen de criaturas míticas y utilizan las figuras y cartas para las habilidades. 'Noara': un MOBA táctico en un universo fantástico. Wizama cuenta con una tienda de aplicaciones propia, en la que esperan que desarrolladores fuera de la compañía se animen a proporcionar sus propios títulos. El nivel de personalización es muy alto, el dispositivo se adapta a todo tipo de juegos y aseguran que el coste de producción de los accesorios es bajo. SquareOne está disponible en 32 idiomas diferentes y para la publicación de su dispositivo, Wizama se ha aliado con varios distribuidores franceses de juegos de mesa y estudios de videojuegos como Roberto Fraga, Atypique Studio, Sanuk Games, IIM, Pixel Wizards y Les Gobelins. El precio oficial será de 499 euros, donde se incluirá el SquareOne junto a 4 figuras de colores, 54 cartas interactivas y el dado inteligente junto a su cubilete inalámbrico. La consola estará disponible a principios del verano de 2019. También te recomendamos 21 juegos de mesa pensados para jugar en pareja Los 18 + 1 mejores juegos de mesa, cartas y rol de lo que llevamos de año El futuro está llegando: vamos a vivir una transformación a lo bestia - La noticia Mitad tablet, mitad tablero: así es SquareOne, la consola compatible con cartas, figuras y dados que quiere modernizar los juegos de mesa fue publicada originalmente en Xataka por Enrique Pérez .

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Spell, la plataforma que facilita al pequeño desarrollador ejecutar experimentos de deep learning, recauda 15 millones de dólares

Serkan Piantino trabajó para Facebook casi 9 años, los dos últimos como director de ingeniería de Facebook AI Research, la división de la compañía dedicada a la innovación en inteligencia artificial. Cuando abandonó su trabajo en 2016 lo hizo con una idea en la cabeza, que en un primer momento pensó que sería un obstáculo para emprender, pero ha resultado ser la clave del éxito de su nueva compañía. A lo que Piantino le daba vueltas era a las barreras de entrada: al gran coste que podía suponer, para cualquier persona ajena a las grandes tecnológica, acceder al tipo de hardware requerido para la realización de experimentos de deep learning. Básicamente, se ven obligados a construir sus propios ordenadores, equipados con las GPUs más potentes, si quieren probar su software. Pero, como él mismo explica, eso no siempre fue así: "Antes de que existieran los PCs, las computadoras ocupaban toda una sala en una universidad, y la gente usaba terminales para iniciar sesión en una única unidad central. [Eso es] lo que la IA necesita en este momento". En Xataka Redes neuronales autocontenidas en un lápiz USB, la solución de Intel para los pequeños desarrolladores de IA Una barrera que resultó ser un nicho de mercado De modo que terminó creando su propia plataforma, Spell, que facilita a cualquier desarrollador independiente el acceso al hardware de Microsoft Azure, Amazon Web Services o Google Cloud a través de una interfaz de software preparada específicamente para el desarrollo colaborativo. Y esta semana, cuando se cumplían dos años desde su fundación, Spell ha logrado recaudar 15 millones de dólares aportados por fondos de inversión como Two Sigma Ventures y Eclipse Ventures. Ahora, el objetivo de la compañía es hacer crecer tanto el producto como el equipo que lo desarrolla. De momento, han aprovechado para presentar una nueva versión de su web, spell.run, dotada con un diseño que facilita el seguimiento de los experimentos desde cualquier dispositivo móvil. Según explica Piantino, "en lugar de tener que empezar de cero construyendo docenas de máquinas o moviendo datos físicamente de un lugar a otro, los equipos y las empresas pueden realizar experimentos reales desde un portátil en una cafetería". ¿Qué ofrece Spell? Gratuito para el usuario individual, Spell le permite indicar el tipo de GPU que necesita para llevar a cabo su experimento y a continuación puede ejecutarlo; sin más. En Xataka Aprende sobre Inteligencia Artificial por internet: cursos, publicaciones y las recomendaciones de expertos Es la plataforma la que selecciona en cada momento sobre qué proveedor se llevará a cabo la ejecución, de forma transparente para el usuario. Además, Spell funciona con cualquier entorno de programación y con cualquier sistema de almacenamiento de datos. Los clientes empresariales, por otra parte, pueden contratar los servicios de Spell a partir de 99 dólares mensuales (se cobra en base al número de ejecuciones simultáneas), y mantener todos sus experimentos ejecutándose en un clúster privado. Pero si algo están destacando los usuarios de Spell son las facilidades que ofrece para convertir su modelo de deep learning en una API que puedan usar todos los miembros de la empresa, o incluso que termine siendo integrada en una app o sitio web. También te recomendamos El análisis de nuestro genoma mediante inteligencia artificial desvela la huella de un ancestro humano desconocido Amazon ha empezado a enviar muestras gratuitas de productos basándose en los hábitos de consumo de sus usuarios El futuro está llegando: vamos a vivir una transformación a lo bestia - La noticia Spell, la plataforma que facilita al pequeño desarrollador ejecutar experimentos de deep learning, recauda 15 millones de dólares fue publicada originalmente en Xataka por Marcos Merino .

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Llevo casi cuatro años sin usar WhatsApp y no lo echo nada de menos

Jamás pensé que mi historia pudiera causar tanto interés. No usar WhatsApp no me ha supuesto ningún desafío personal, ni nada parecido. Aún así, entiendo el atractivo que puede suscitar en los demás esta decisión. Al fin y al cabo, WhatsApp es la plataforma más popular del mundo y en España está implantado de manera desmesurada. Lo damos por sentado. Lo que nos lleva a pensar, erróneamente, que “todo el mundo tiene WhatsApp”. Por eso, artículos como “No he usado WhatsApp en una semana y no creerás lo que ha ocurrido” levantan la curiosidad de cualquiera. Yo no llevo una semana sin usar WhatsApp, llevo casi cuatro años sin hacerlo y tampoco tengo previsto reinstalarlo y empezar a compartir por ahí mi experiencia. Decidí dejar de usar WhatsApp y todo me ha ido bien, incluso me atrevería a decir que vivo más feliz sin WhatsApp que cuando lo usaba. Y no lo echo de menos, ni he tenido la necesidad de volver a instalarlo. No dudo que haya gente que no pueda, o no quiera, dejar de usarlo. Pero habrá muchos más que, como yo, se beneficiarían de abandonarlo. Yo te quiero contar mis razones personales, cómo han sido estos años, cómo espero que sean los siguientes y lo que he aprendido. Pero no espero nada más con ello que saciar tu curiosidad, en ningún momento creas que esto va de convencerte de nada. ¿Por qué dejar de usar WhatsApp en un principio? Fueron tres razones fundamentales las que me hicieron dejar de usar WhatsApp: Indiscreción, incomodidad y lo malo que era como aplicación de mensajería (y creo que no ha mejorado mucho en estos años). La primera razón tiene que ver con sus orígenes. Yo me crié con los Nokia 3310. Bueno, en verdad, yo era de los que tenía el 3330, aunque nunca supe en qué era mejor. Mi app de mensajería eran los SMS. Yo formé parte de la generación del “tkm”. Y los recuerdo con mucho cariño. Eran algo especial. No era como hablar por Microsoft Messenger. Enviar un SMS era algo más personal. Amigos íntimos, ligues y poco más. Al resto del mundo le escribías por Microsoft Messenger, que para eso estaba. Y luego llegó BlackBerry con sus “SMS gratuitos”. Una maravilla que sustituyó en mi grupo de amigos a los SMS de la noche a la mañana. Seguía siendo algo personal. De hecho, no recuerdo hablar con nadie que no fuera de mi círculo íntimo por BBM. Por supuesto, los iPhone y los Android llegaron a España y con ellos una brecha social por el sistema operativo que usaras. WhatsApp fue la manera de que, fueras del sistema operativo que fueras, pudieras seguir teniendo “SMS gratuitos”. No os olvidéis de esto, WhatsApp, como BBM, eran los “SMS gratis”. Veremos qué ocurre en el futuro con el RCS, ahora que llega a más sistemas operativos. En mi caso, WhatsApp sustituyó a BlackBerry Messenger, que a su vez sustituyó a los SMS. Pero WhatsApp se fue popularizando cada vez más y, al ser gratis (no como los SMS o las llamadas), la gente empezó a usarlo como método de comunicación por defecto. Ya no era tu círculo íntimo el que usaba WhatsApp, lo usabas con cualquiera. Todo aquel que, por una razón o por otra, tenía tu número de móvil, se sentía con el derecho a escribirte por WhatsApp y pensaba que tú tenías el deber de responderle. Como si fuera una norma no escrita que debieras responder. Y desde el repartidor de pizza que no encuentra tu piso, al fontanero que viene por lo del seguro o cualquier persona, para nada cercana a ti, te escribía por WhatsApp esperando una respuesta. Mi última experiencia fue con un agente de seguros para el coche. Tras rellenar una encuesta interminable en la que en algún momento me preguntaba por mi tipo de golosina favorita, el señor, para aumentar el suspense y como si fuera una página web, me dijo que me enviaba los resultados del presupuesto por WhatsApp. Le solté un chascarrillo y le dije que me lo enviara por email, como debe ser en las relaciones profesionales. Opino que WhatsApp evolucionará en ese sentido, pero hace cuatro años, y a día de hoy, sigo pensando que WhatsApp no es lugar para las relaciones profesionales. No sólo el email es más discreto y queda de todo un mejor registro, sino que no tiene sentido que tu asesor de la aseguradora esté viendo tu foto de perfil y que tu termines con un chat que se llama “Manolo Seguro Coche” entre el chat “Mamá” y el que tienes con tu novia. Es absurdo. Otro de los motivos fue la incomodidad. No sólo lo usaba demasiada gente, sino que lo usaban en demasía. Se formaban grupos por cualquier viaje, quedada, cena, programa o serie de televisión,… Básicamente, eran ejemplos de combinaciones de los mismos números. Teniendo más grupos que contactos con los que hablabas. Grupos como “¡Los rebeldes! - Promoción del 87 “ o “Cenita el viernes”, un grupo que seguía existiendo tres meses después del citado viernes y que se mantenía activo gracias a los mismos que mantenían activos todos los grupos con chistes, felicitaciones de cumpleaños y chorradas. Menos mal que ya no usaba WhatsApp cuando llegaron los GIF. En Xataka Todo lo que digas en un grupo de Whatsapp puede ser utilizado en tu contra Según mi idea personal de lo que es ser minimalista, soy minimalista. Y me dolía ver todos esos grupos, sin sentido ni razones que, al final, sólo te creaban la responsabilidad de participar. No querías no ser el único que no felicitaba a alguien, o el que no escribía “jajajajaja” al menos una vez al día. Este no es problema propio de WhatsApp, podríamos decir que es la parte negativa de hacerse el servicio más popular. Si ocurriera algo insólito y todo el mundo que usa WhatsApp pasara a usar otro servicio, el que sea, estaríamos en la misma situación. El máximo esplendor de esto me ocurrió uno de los días que me dediqué a hacer limpieza de grupos. Eliminar e irme de todos aquellos grupos inactivos o que no tenían sentido. En muchos no ocurrió nada. Imagino que, tras mi iniciativa, se irían unos cuantos al ver que no pasaba nada. Otras muchas personas me escribieron, “¿Te saliste, no?”. Pero hubo un grupo en el que no había participado prácticamente nunca, que era activo muy de vez en cuando y que, cuando me fui, animé el cotarro. En Xataka Cómo silenciar WhatsApp: conversaciones, grupos y contactos Llegaron a la decisión unilateral de que “me había ido por error” y no pasó ni un día hasta que me habían vuelto a agregar (un error de WhatsApp permitir esto). Por supuesto, yo no quería esto y así se formó la segunda razón para dejar WhatsApp. Eran muy pocos los grupos que me gustaban y eran muchos los que quería dejar. Al final, sacrifiqué esos pocos por no estar en ninguno, dejando atrás a todo WhatsApp. La última razón era lo mala que era WhatsApp como aplicación y creo que lo sigue siendo. Después de tantos años y después de que Facebook la comprara - Me sorprende que tan poca gente sepa que WhatsApp es de Facebook -, es imposible seguir echándole la culpa a cómo se creó en un principio. Pero, aún siendo verdad esto, había mil cosas incompresibles que no entiendo cómo siguen ocurriendo a día de hoy en WhatsApp. La primera y la segunda razón vienen a parar aquí. Cuando te meten en un grupo, por ejemplo, en el grupo de clase de tu hijo. ¿Cómo es posible que se sigan compartiendo todos los números de teléfono? Me parece una indiscreción y una pérdida de privacidad insostenible. No creo que alguien que consigue tu número en un grupo de WhatsApp, tenga derecho a escribirte o llamarte. Pero la app no es mala sólo por eso. El resto de aplicaciones, incluidas las de Facebook (Instagram y Facebook Messenger), permiten iniciar sesión en más dispositivos. Se me hacía muy frustrante no poder usar WhatsApp en otros dispositivos. Ni siquiera puedes usarlo en otro móvil sin dejar atrás el que estés usando. Esta fue la razón principal para empezar a usar Telegram y traer a esta app a mis contactos más cercanos y frecuentes. Incluso con iMessage -una app muy descuidada por parte de Apple en mi opinión- se pueden enviar mensajes desde hace años en iPads y Mac, no sólo desde el iPhone. Y respecto a los servicios de Google y Android, qué decir, son omnipresentes. La competencia de WhatsApp en este aspecto era extremadamente superior y lo sigue siendo. Y a esa falta de incapacidad para tener más de una sesión activa en más de un dispositivo, se unía que todo lo guarda en local en el móvil, un desperdicio de espacio absurdo. Siempre he sido el servicio técnico de mis familiares y amigos, no me importa para nada ayudar en esto. Pero hay una cosa a la que me he negado, básicamente porque nunca he conseguido saber cómo se hace: Ayudar a hacer, restaurar y mover una copia de seguridad de WhatsApp. Un amigo, tras muchos años, se compró un iPhone y después de una tarde entera tratando de pasar una copia de seguridad de Android a iOS, algo que no se puede pero que en muchos sitios aseguran que sí, decidí que no perdería más mi tiempo con algo que el resto de aplicaciones hacen de manera transparente porque, directamente, no hay que hacerlo. Además, la incompatibilidad con archivos, los límites de tamaño y la falta de otras funciones que, aunque a día de hoy parece que han mejorado, hacen que WhatsApp esté muy por detrás en funciones respecto a la competencia. Quedando claro que su fuerte es estar por delante, únicamente, en número de usuarios. ¿Cómo dejé de usar WhatsApp y qué ocurrió? Con todos estos motivos, un día de 2015, eliminé WhatsApp. Unos días después a ese “día W”, me di cuenta de que sólo había eliminado la aplicación, no la cuenta. Error mío. Seguí entonces el proceso de WhatsApp para eliminarla y, al cabo de unos días, un SMS de “Prueba WhatsApp” que me envió un amigo que no comprendió lo que ocurría, me confirmó que mi cuenta había sido eliminada. He eliminado muchos servicios y redes sociales en mi vida, incluidos Facebook e Instagram, pero la que me dejó una mejor sensación, una sensación refrescante, fue WhatsApp. No lo olvidaré, me encantó. Los primeros días fueron de una tranquilidad liberadora. No me extrañó que la gente hablara ya en aquella época de “la adicción a WhatsApp”. No es que yo lo usara demasiado, pero el no tenerla me permitía despreocuparse. Sabías, seguro, que no te habían escrito, porque no lo tenías. No avisé a nadie. Como ya he dicho, con mis contactos más frecuentes ya hablaba por Telegram. Imagino que en más de un grupo saldría el tema, pero jamás supe nada. Por supuesto, todo aquel que me tuviera en WhatsApp, tendría mi número, y me llamaría si era algo importante. Otras aplicaciones y servicios que eliminé no fueron tan refrescantes. Ni siquiera Facebook (o Facebook Messenger, el cual eliminé después de mi cuenta de Facebook), ni Instagram, ni, claro está, aquellas que cayeron por su propio peso como Line, Viber, Tuenti, Snapchat, etc. Ahora mismo, sólo tengo Twitter como red social propiamente dicha. He eliminado mi cuenta en numerosas ocasiones, pero siempre vuelvo a ella. Y, además, ha resultado una útil app de mensajería en muchas ocasiones, aunque siempre para hablar con contactos de Twitter. A parte de esto, estoy en muchos grupos en Telegram de diferentes temáticas que podemos considerar redes sociales según se mire. ¿Qué ocurre cuando dices que no tienes WhatsApp? Como muchas otras marcas, WhatsApp ha llegado a convertirse en un verbo e incluso equivale a decir “te envío un mensaje”, y esto hace que sea una sorpresa para muchos el escuchar que no tengo WhatsApp. Pero esto ha cambiado mucho y la gente ya no se sorprende tanto al escuchar que no uso WhatsApp. Muchos piensan que les digo que no tengo WhatsApp porque no quiero hablar con ellos, pero nada más lejos de la realidad. Si no quiero hablar contigo y me dices que me envías un WhatsApp, no te diré nada. Ya descubrirás que no lo uso. Pero con los que sí tengo interés en hablar, les comento que no tengo WhatsApp y sus caras han sido de los más variopintas a lo largo de los años. Desde miradas que denotan un “pobrecito, ¿cómo sobrevivirá en este mundo tecnológico sin usar WhatsApp?”, pasando por “es como decirme que no tiene agua corriente en casa”, hasta la más completa indiferencia. Es como con las televisiones. Parece que no entendemos que alguien no tenga televisión en casa,-"¿Hacía dónde miran tus muebles?", que diría Joey. Pero siempre ha habido gente que no tiene. Hoy en día todavía más, pues el contenido lo consumimos en otros dispositivos. Hasta tal punto que no nos sorprendemos cuando un adolescente nos dice que no ve la televisión, posiblemente lo vea todo en su cuarto en el dispositivo que más a mano tenga. Últimamente, es más esto último, la indiferencia. Aunque muchos siguen con el concepto de “todo el mundo tiene WhatsApp”, muchos otros no se han sorprendido en absoluto y simplemente me preguntan cómo podemos hablar. Y, ya os aviso, todo el mundo tiene una aplicación de mensajería a parte de WhatsApp, aunque no lo sepan o no piensen en ella. Lo primero que pregunto es si tienen Telegram y, para mi satisfacción, cada vez más gente lo usa. Simplemente no esperan que tú lo tengas o no lo usan por defecto. Si tiene un iPhone, ni me lo planteo, les digo que por iMessage, que normalmente tienen activo sin saberlo. Y si tienen un Android y no usan Telegram, les digo que Hangouts. Y, como última medida para los más raros, el email o un SMS, sobre todo si es cuestión de una cosa concreta. En Xataka Telegram vs WhatsApp: en qué se parecen y en qué se diferencian ambas aplicaciones Con algunas personas fue más complicado que con otras, sobre todo con aquellas con las que quería poder hablar por Telegram. Algunos ya lo tenían instalado, sin recordar cómo ni cuándo. Otros muchos amigos, directamente, preferían llamarme a instalarse Telegram y a muchos de ellos terminé instalándoselas yo. A toda mi familia también les terminé instalando yo mismo Telegram. Pero, al final, muchos de ellos, aunque siguen todos usando WhatsApp, han terminado usando Telegram a diario y no sólo conmigo. Hay muchos grupos que han terminado pasándose a Telegram. No sólo por mí, sino por descubrir que, por ejemplo, las imágenes que envíes no te llenan el almacenamiento de un golpe. A muchos les encantaron los stickers y otros se han quedado por canales y grupos que yo desconocía por completo. Y no tenemos que pensar en esos grupos en los que se comparten revistas y películas gratis, hay grupos de celíacos, por ejemplo, en los que comparten información de tiendas y restaurantes con miles de personas, algo muy útil hoy en día y que sería impensable haber hecho en WhatsApp. Por privacidad, por límite de usuarios en cada grupo, por herramientas de control, etc. Antes de eliminarme Facebook Messenger, he de admitir que me resultó muy útil en la Universidad. Prácticamente todos los de clase teníamos Facebook, pues la mayoría de noticias y apuntes circulaban por ahí, por lo que era muy cómoda ya que con el escaneo de un código ya podíamos hablar. Incluso sin hacernos amigos en Facebook. No me he encontrado jamás en la situación de un callejón sin salida. Hay alternativas siempre a WhatsApp, simplemente tenemos que ver cuál tenemos en común. Estas aplicaciones secundarias son a las que muchos recurren cuando WhatsApp se cae. Telegram se ha nutrido mucho de estas caídas y mis contactos aumentaban en Telegram cuando esto ocurría. Ya he vivido varías caídas de WhatsApp sin estar usándolo yo. Gente que se hacía Telegram y terminaban preguntándome a mí, por ser de los pocos contactos que tendrían en Telegram, si WhatsApp se había caído. Yo sabía que así era, no por la avalancha de nuevos contactos, sino por haber trabajado de voluntario en el soporte de Telegram (Telegram Support Force). Con cada caída de WhatsApp, las preguntas aumentaban exponencialmente, las respondíamos encantados y me alegra saber que muchos se han quedado en Telegram después de eso. En Xataka Telegram: 13 trucos (y algún extra) para aprovechar al máximo esta app de mensajería instantánea Por supuesto, Telegram también se ha caído en ocasiones y, aún así, siempre he podido ponerme en contacto con quien he necesitado. Desde luego que no siempre es una combinación ideal, sobre todo si no hay en común una app cómoda de usar, pero no me ha sido necesario instalar WhatsApp en ninguna ocasión. ¿Hay algo de malo en usar WhatsApp? Hay una mirada y una pregunta más cuando les digo que no uso WhatsApp, y es la de preocupación. Se me quedan mirando, cómo preguntándose si yo sé algo que ellos no saben y me preguntan: ¿por qué no usas WhatsApp? Yo sé que no se refieren a los motivos que te he expuesto antes, sino que se preocupan más por la seguridad, como si usar WhatsApp tuviera algo malo, algo oculto. Yo no soy un paranoico de la seguridad, pero tampoco de los que responden “no tengo nada que ocultar”. Me preocupa mi privacidad en la medida que considero oportuna. Y esta medida es llegar a un equilibrio, a un acuerdo, entre lo que yo doy a una empresa y lo que esa empresa me ofrece. En Xataka Por qué la privacidad es necesaria: desmontando el "no tengo nada que ocultar" Cuando hay dinero de por medio, es muy sencillo valorar lo que les estás dando. Pero con los servicios y aplicaciones gratuitas, como se suele decir, “somos el producto”. No fue esta mi razón para dejar de usar WhatsApp, pero si lo tuviera a día de hoy, posiblemente llegaría al mismo acuerdo que he llegado con las otras apps de Facebook: No me aportan lo suficiente en comparación a todo lo que les aporto yo, por lo que dejo de usarlas. Facebook y sus compañías viven de los datos que obtienen de sus usuarios y, además, escándalo tras escándalo, parece que no lo hacen de la forma más honrada o justa. Todos hemos leído sobre el caso de Cambridge Analytica, las elecciones de EE.UU., la fuga de los fundadores de WhatsApp e Instagram y muchas más noticias que dejan en evidencia a las aplicaciones de Facebook. ¿Y qué obtenemos a cambio? En Facebook, un par de noticias, que podrían ser falsas o estar ahí para alterar mis ideas; en Instagram, un par de imágenes, publicidad y poco más. Jamás he sido muy activo en redes sociales, por lo que los beneficios de usar estas apps jamás han superado los niveles suficientes para aceptar el acuerdo. Todo lo contrario, por ejemplo, a Google. Sus servicios, desde Gmail a YouTube, pasando por hojas de cálculo y el propio buscador, me suponen unos beneficios inmensos en comparación a recibir publicidad dirigida y que usen mis datos para… algo. De momento, sin escándalos, ni siquiera rumores, de usos ilícitos, creo que el acuerdo con Google es justo. Lo dicho, ni paranoico (“¡Google escucha todo lo que digo con el Google Home que tengo en casa!”), ni despreocupado con mis datos. Son míos y en Internet somos esos datos, por lo que no está de más sopesar todo. Aún así, he de admitir que hace unos meses, mis amigos me forzaron a abrirme una cuenta en Instagram para un viaje a Nueva York. “Así vamos poniendo las fotos y nos etiquetamos”, me decían. Me la hice. Usé un correo del que Facebook no debía tener constancia alguna, pues es muy reciente. Creo recordar que ni siquiera di mi número de teléfono y bloqueé todo lo que pude. Y aún así, minutos, MI-NU-TOS, después de hacerme la cuenta, amigos míos solicitaban seguirme. Esto sí me hizo ponerme en modo paranoico, pues, además, todas las sugerencias de cuentas a seguir (las que no eran de famosos) eran bastante acertadas. Esto es posible porque nuestros datos son nuestros, pero los tiene mucha gente. Y si mis amigos hicieron todo lo contrario, y dejaron acceder a Facebook a sus contactos, pues ya, sólo con un dato, saben que soy yo. Esta es la razón personal de que no me guste compartir mi número de teléfono con nadie y, además, no permito que las aplicaciones accedan a mis contactos. De hecho, todos los que no son contactos cercanos, están guardados en una app independiente a la que no permito el acceso. La gente tiene una capacidad extraordinaria para negar la realidad cuando ésta le afecta directamente. Algo así como no ver el sol, precisamente porque estás mirándolo directamente y te deslumbra. Y esto es lo que ocurre cuando damos acceso total a los servicios y aplicaciones que nos rodean, no somos conscientes de en qué magnitud nos afecta. Sobra decir que, tras un par de fotos y ninguna story (no llegué a comprender lo de las stories), eliminé mi cuenta de Instagram. ¿Volveré a usar WhatsApp? Nunca digas de este agua no beberé. Creo que WhatsApp va a sufrir una transformación, si no la está sufriendo ya. Como dije, muchas relaciones profesionales están teniendo lugar en WhatsApp y cada vez más empresas se unen al “mándenos un WhatsApp” o “sólo WhatsApp”. Desde un restaurante para pedir comida, a bancos para todo tipo de gestiones y, por supuesto, representantes o empleados de un montón de empresas. Si esto evoluciona hasta hacerse el método por defecto de las empresas para contactar con sus clientes, es posible que llegue el día que sea inevitable usarlo porque WhatsApp se haya convertido en el nuevo email. Es posible que llegue el día que sea inevitable usarlo porque WhatsApp se haya convertido en el nuevo email Pero, aunque me parecería bien que WhatsApp o cualquier otra app se convirtieran en un método para mantener relaciones empresa-cliente o entre profesionales, creo que el problema es el mismo que tuvo Facebook en su día, que las empresas y las personas eran amigos. No tenía sentido que una empresa viera tus fotos como un amigo más, por eso surgieron las páginas de empresas. Y es el problema que ocurre ahora con las empresas y WhatsApp, te escribes con ellos como si le escribieras a tu madre. Para que funcione, deben llegar -creo que empiezan a moverlo en esta dirección- a crearse cuentas de empresas y profesionales, en las que la información que se comparta sea menor y se mantenga bien diferenciado el carácter profesional de ese chat. Para el empleado que usa un móvil de la empresa no supone ningún tipo de problema. No es su móvil, la foto de perfil será el logo de la empresa, no es su número y ya está. Luego coge su móvil personal y habla con sus amigos. Pero para el cliente no hay distinciones, pues usamos el mismo número para todo. Por esto, mientras las empresas sigan usando un número de teléfono móvil, igual que cualquiera, puedo decir que no beberé de ese agua que es WhatsApp. ¿Deberías dejar tú también de usar WhatsApp? Empecé diciendo que no iba a tratar de convencer a nadie, pero imagino que muchos habréis pensado en dejar de usar WhatsApp alguna vez. Por motivos como los míos o por otros diferentes. Yo no me arrepiento en absoluto, todo lo contrario, han sido beneficios y lo he disfrutado. Pero no todo el mundo está en mi misma situación. No a todos nos aporta tan poco como a mí. Puede que uses WhatsApp forzado por tu trabajo, porque habéis decidido usar WhatsApp como herramienta de gestión -lo que no impide que uses otra app para las cosas personales-. O incluso puede que seas tú el que disfruta enviando el mismo chiste en veinte grupos diferentes cada día y ni te plantees deshacerte de WhatsApp. Sea como fuere, lo mínimo es recordarte lo que supone ceder el control de tus mensajes y mucha información de tus contactos a una empresa y lo que ella te da a cambio. Y saber que hay más aplicaciones y servicios de mensajería que, aunque “no los tenga todo el mundo”, ya los tiene mucha gente y son muchos mejores en cuestión de privacidad, seguridad y funciones. Y, por último, recordar que la mayoría de la gente no usa lo mejor, ni lo que más les conviene. Como aficionados a la tecnología que somos, hemos comprobado que, normalmente, es todo lo contrario, usan lo primero que llegó, lo más publicitado, lo más barato o, directamente, lo que creen que deben usar porque es lo que usa esa mayoría. También te recomendamos Cómo crear tus propios stickers para WhatsApp en Android El futuro está llegando: vamos a vivir una transformación a lo bestia WhatsApp pone a prueba el bloqueo con huella dactilar: la última beta incluye esta función - La noticia Llevo casi cuatro años sin usar WhatsApp y no lo echo nada de menos fue publicada originalmente en Xataka por Nacho Aragonés .

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‘Cristal’ es ‘El padrino’ de los superhéroes, el broche de oro a la saga más humana de lo sobrehumano

Cuando termina 'Cristal' me doy cuenta de que, literalmente, he dejado de respirar. Suelto todo el aire de golpe, como un fuelle, y me quedo con la mirada vidriosa viendo bajar los créditos. Vidriosa como los huesos de Elijah. Frágil y a la vez sobrehumana. Si el arte va realmente de provocar sensaciones que luego sedimentan en pensamientos, entonces 'Cristal' es arte de una pureza absoluta. Su mensaje se esnifa con la mirada y luego cala y cala y cala… Y uno lleva media hora, en silencio, rodeado de gente que mira su móvil en el metro con un solo pensamiento: "¡Despertad!" Me doy cuenta al llegar a casa después de un largo paseo (porque lo necesitaba; me bajé un par de paradas antes) que han pasado dos décadas desde que Neo colgó el teléfono y nos dijo eso mismo: "¡Despertad!" Ese mismo año, que los cinéfilos recordamos como milagroso, un tal M. Night Shyamalan le daba la vuelta a 'Ghost' y al 'Exorcista' por el filtro de Hitchcock y Spielberg y nos regalaba una cosa llamada 'El sexto sentido' que, como 'Matrix', tenía un final asombroso. Como lo tenía 'American Beauty', arrancando con ese "Vaya, vaya" de Kevin Spacey. Como lo tenía 'Magnolia', con ranas lloviendo del cielo porque alguien ahí arriba decidía que ya basta. Cuatro películas hace veinte años todas con un final colosal que gritaba una sola palabra. Ya saben cuál. La que le gusta tanto al bueno de Zizek. "¡Despertad!" Muy despierto me ha dejado 'Cristal', desde luego, a pesar de que mis dedos vuelan ya por la madrugada. Como un David Dumm pasado por agua; así de despierto. Con ganas de hablarle al usted que está al otro lado, o aún mejor al tú, de lo grande que es M. Night Shyamalan y su 'Cristal'. En Espinof Shyamalan | 'Señales', el cénit Que reine la calma, porque no me atrevería a desvelar ni la más leve cabriola de este quíntuple salto mortal que Shyamalan da en 'Cristal'. Es asombroso y hay que experimentarlo totalmente virgen. Y eso que yo fui una vez el imbécil quinceañero que, hace precisamente veinte años, gritó lo que le pasaba a Bruce Willis en 'El sexto sentido' a la salida de unos multicines ferrolanos. Que haya vivido para contarlo significa que Belcebú me tiene guardado un décimo círculo solo para mí. Así que tranquilos todos, spoilers out. Eso sí, hablaremos y mucho de lo que Shyamalan ha hecho hasta 'Cristal', un cine que es un poco como Elijah Price, frágil, psicótico, amenazante y a la vez conmovedoramente humano. Una trayectoria de Ícaro que vuela, cae y vuelve a volar. Un mago del cine que es, en sí mismo, historia viva. El hijo pródigo de Spielberg que es, a la vez, su más bella antítesis. El cineasta de lo sutil, de lo íntimo, de lo preciso. Y, por supuesto, el trickster por excelencia. El engañabobos. El trilero que siempre tiene un as extra en la manga. Hablemos, pues de 'Cristal' y don Manoj Nelliyattu Shyamalan. Pues hablar de ellos es hablar del cine. Un cine de miradas y caricias Una mano se tiende al vacío. Es la mano de Ivy Elizabeth Walker; también es la mano de Bryce Dallas Howard. El encuadre enfoca esa mano, que está en primer término, dominando toda la composición. Sin embargo, lo que importa es el segundo término, ese aire ausente y desenfocado que pronto se va llenando de un inquietante rojo, una figura embozada que avanza hacia la mano temblorosa, inocente, desprotegida. Las cuerdas de la melodía se tornan tan amenazantes como ese desconocido de ropajes ensangrentados. Y de pronto… Y de pronto pasa esto que pueden ver abajo; que es historia del cine; que debería estar en cada escuela del séptimo arte que se tome en serio el lenguaje de las imágenes. De la nada, surge otra mano, que atrapa a la indefensa. La de Lucius Hunt; también la de Joaquin Phoenix. Y en el mismo momento que esas manos se juntan, emerge una melodía completamente distinta, que apaga el horror y lo transforma en amor. En puro amor. En aquello que nos redime como seres humanos. Las caricias. Los abrazos. Cambio de bobina, que no de tercio. Nos encontramos con un David Dunn que llega a casa después de salir a patrullar por primera vez. Un David Dunn que por primera vez también se cree lo que Elijah Price le dijo, que es un superhéroe. Y pasa esto. David Dunn, también Bruce Willis, toma en brazos a Audrey Dunn, también Robin Wright Penn, y la lleva a la cama. Shyamalan filma esta escena desde el hombro de Dunn, con el perfil izquierdo de la bellísima Penn dominando el plano a la derecha. Y hace algo tan sutil que resulta casi imperceptible. Sostiene la cámara de tal modo de que da la impresión de que David Dunn está llevando a Audrey Dunn flotando. Tal y como Superman llevaría a Lois Lane. Nadie cae en dos escenas así por casualidad. Hay que ser un genio para parirlas. Pero si repasamos más profundamente el cine de Shyamalan, veremos que constantemente se repiten dos elementos anatómicos a los que el cineasta saca un partido extraordinario: los ojos y las manos. Las manos tendidas a la nada (como en 'El bosque') de David Dunn mientras espera que la gente salga del metro, en otra escena que al menos en mi memoria está grabada con escalofríos literales; puedo verla sin cerrar los ojos; plano a plano. O esos ojos, precisamente, de Mel Gibson, que tienen lo mismo que tienen los de Al Pacino, que miran a la nada como los de un ciego y aún por encima son azules. O las miradas que se echan David Dunn y su hijo cuando este quiere probar si su padre puede resistir un balazo a quemarropa. ¿Saben qué otro cineasta está tan obsesionado con los ojos y las manos? El padre de Shyamalan. Steven Spielberg. Creo que a nadie se les ha ocurrido montarlas aún en Youtube, pero de las miradas de Spielberg hay un video soberbio esperando ser exhumado. La de Alan Grant, desorbitada, antes de decir aquello de: "Es… Es…. ¡Es un dinosaurio!". La de Oscar Schindler contemplando a la niña del abrigo rojo la noche (en realidad, el día ya) de los cristales rotos. La de Avner Kauffman, enloquecida, mientras sufre una alucinación follando con su mujer que lo obliga a ser testigo imposible de los últimos muertos de Múnich en el 72. ¿Y manos? Muchísimas, también. Las de Ray Ferrier en 'La guerra de los mundos', que cuelgan en el vacío, impotentes, cuando su hijo, Robbie, decide cruzar una colina para unirse a los soldados que luchan con los marcianos. Las de Robert, en 'Munich', quitándole los celos a ese detonador que está a punto de hacer saltar a una niña (de rojo) por los aires. Y, las más bellas, las de Henry Jones y Henry Jones Junior justo después de que el primero le diga al segundo: "Indiana, Indiana Jones. Let it go". Para todos aquellos que nos hemos comido los extras de Shyamalan, sabemos que su devoción por Spielberg llega a cotas demenciales. Es un fan; de los locos. Arrancó su carrera cinematográfica copiando como preadolescente escenas de 'La última cruzada'. Fue llamado, para su pesar, 'El Spielberg indio'. E imitó, en cierto modo, la trayectoria del maestro, transitando géneros populares y haciéndolos suyos. Pero el caso es que Shyamalan no es Spielberg. En realidad es su contrario. Spielberg, que también es lo contrario de Spielberg (solo así se explica que en un mismo año se ruede cosas como 'La lista de Schindler' y 'Parque Jurásico'), ha parido el blockbuster moderno, el que nos ha llevado irremediablemente a la tiranía superheroica del presente. A Shyamalan, está claro, le abomina esta homogeneidad de la épica de los efectos visuales que vivimos. Y a la vez, como buen friki, le encanta. Así que la única manera de encajar y decir algo relevante tocando el tema del que nadie se aburre, los superhéroes, Shyamalan recurrió a lo más Spielberg que hay: los ojos y las manos. Las caricias y las miradas. Lo esencial de esta trilogía magistral que ha cerrado con 'Cristal' (donde hay muchas, muchas, muchas manos y miradas que se cruzan) es que se dio cuenta de que solo a través de la empatía se podía ganar el pulso a la épica. 'Cristal', 'Múltiple' y 'El protegido' (que son, en realidad, una peli en tres partes, no tres pelis) son historias conmovedoramente humanas. Prometí que no haría spoilers, pero me tengo que remitir al final de la película, donde Shyamalan parece que va a hacer lo que haría todo el mundo, el grand finale, el combate de todos los combates. Y de pronto hace… otra cosa. Una que no traiciona la esencia de todo lo que ha contado hasta ese punto de su trilogía maestra. Y luego de esa otra cosa hace… otra cosa. Y luego… otra más. Y ahí dejé de respirar. ¿Quién es Elijah Price? ¿De qué va 'Cristal? ¿Hay una pregunta que la resuma? Sí. La hay. Y es la que encabeza este epígrafe. Contestar a esa pregunta, ¿Quién es Elijah Price?, es entender 'Cristal'. Y 'Múltiple'. Y 'El protegido' (aunque lo cierto es que hubiera sido mucho mejor traducir por 'Irrompible') por motivos que explicaremos a continuación. Un póster de 'Glass'. Elijah Price es… nosotros. David Dunn es el héroe; el que hará lo correcto; el que nos salvará; Cristo; Dios. Kevin Wendell Crumb es el villano; el que matará sin pensarlo; el Diablo. ¿Y quién es Elijah Price? ¿Es otro villano? ¡No! Elijah Price es el humano. Y muy en concreto, el humano fan. El lector. El jugador. El espectador. El oyente. El consumidor. Elijah Price es exactamente nosotros, los que nos sentamos en las butacas a ser entretenidos por 'Cristal'. ¿Y qué queremos nosotros cuando nos sentamos allí, en la semipenumbra, en esa suerte de templo laico (como una vez me comparó muy inteligentemente un ejecutivo de Dolby) que es el cine? Pues vamos allí un poco para que nos mientan; un poco para que nos convenzan de que la magia realmente existe. De que lo imposible es posible. Si Elijah Price es nosotros, querrá lo mismo que nosotros. Entonces… Entonces, me tengo que callar, porque el spoiler está a un par de palabras de distancia. Terminaré este epígrafe diciendo que me fascina cómo Shyamalan estudia obsesivamente su propia obra y saca unas conclusiones tan diáfanas y brillantes de por dónde debe ir la trama. Es justo lo contrario que hacen Marvel, DC y en general la industria del tebeo mainstream. Las dos grandes casas usan el eterno retorno como pilar constructivo; la falsa renovación. De las infinitas génesis y óbitos que puede tener un superhéroe a lo largo de las décadas, las tramas que subyacen repetirán una y otra vez los mismos esquemas porque el héroe tiene que permanecer constante para luchar otro día. Pero si uno quiere ser subversivo con esta ley y fiel a esa subversión, le toca currarse una historia y unos personajes que sean más inesperados y flexibles. Que tracen sus propios planes a expensas del fan. Un fotograma de 'Glass' (2019). Esto es justo lo que hace Shyamalan en 'Cristal'. Deja que sus personajes sigan su curso. Los deja maquinar. Los deja sentir. Los deja vivir. Y de esa libertad surge lo inesperado que es, a la vez, lo inevitable. Aunque ninguna película de superhéroes se atreverá jamás a llegar donde han llegado 'El protegido', 'Múltiple' y 'Cristal', a esta trilogía no le quedaba otro remedio que acabar como acaba. Y eso es porque Shyamalan, como hace Alan Moore, piensa y siente su obra a profundidades insondables. El diablo está en los detalles Hay que ir al cine con un par de ojos. Parece obvio, pero no lo es. A veces, como sucedía en 'El bosque', un invidente puede ver con mucha más hondura que uno que mira, pero no ve. 'Cristal' hay que verla, no mirarla. Pasar los ojos por ella, como cuando nos miramos en un ídem, no nos devuelve más que el reflejo de nosotros mismos. Pero si la escrutamos con intensidad, un maravilloso sinfín de detalles se revelan. Pongo ejemplos. Recordarán, los que hayan visto 'Múltiple', lo que sucede con cierto tema de cierta banda sonora que anticipa cierto personaje en el desenlace del filme. Pues bueno, en 'Cristal' pasa exactamente lo mismo. Si uno tiene el oído fino y se conoce los temas de esta trilogía al dedillo (no es difícil, se quedan grabados), puede anticipar la trama en la música, los giros de guion que esta va a tomar y el cambiante liderazgo de toda la película hasta recaer en quien le da título: Elijah Price; Mr. Glass. Fotograma de la película 'Cristal'. Otro detalle más. Cada personaje, evidentemente, está identificado por un color. David Dunn es el verde de su chubasquero. Kevin Wendell es el amarillo. Elijah, como bien sabemos, el violeta. Pues bien, la ropa de sus seres queridos van en consonancia con este color y en un momento concreto que están unidos los tres esta elección de vestuario resulta magistral, porque añade un refuerzo sutil (sutileza es el verdadero nombre de M. Night) a lo que cuenta la narrativa. Y ya por cerrar, ¿por qué 'Cristal' para el título? Esta es obvia solo en apariencia. Porque cada película (una palabra en su título original) era la película de su personaje. 'El protegido' es la película de David Dunn; es como si sus emociones, dudas y deseos fueran los que configuran la puesta en escena, banda sonora, diseño de producción, vestuario, etcétera, etcétera. Lo mismo pasa con 'Múltiple'. Así que 'Cristal' tenía que ser la película de Elijah Price; la que lo refleje. Y ya hemos quedado que Elijah Price es un fan. ¿Y qué quiere un fan? Me callo. Me callo… El puto Rotten Tomatoes Termino con un exabrupto. Un ¡a la mierda!, que siempre despierta al que se haya aburrido y lo hace reír. Me cago en Rotten Tomatoes. Mucho. Me cago en la homogeneidad de la crítica, que es tanto peor en el panorama anglosajón, y en su manía de tomar consenso por el que dirán para cargarse peliculones porque no encajan con el molde. ¿De verdad me tengo que creer que (según la crítica anglosajona) que 'Acuaman' es el doble de buena que 'Cristal'? ¿Que 'Infinity War' es casi tres veces mejor? Ni puta idea de cine. Pero ni puta idea, ¿eh? Menos mal que IMDB (oséase, la gente) viene al rescate de mi amargura. 7,3 para 'Cristal' y la cuarta obra audiovisual más popular (y va para arriba) del momento. Yo es que creo mucho en la sabiduría de la gente, para bien y para mal. El gafapasta en mí arquea la ceja si ve que todo el mundo vota como loco con dieces a una de Marvel. Pero luego el niño que aún llevo vivo dentro se ve la de Marvel en cuestión y aprecia el espectáculo de feria que es por sus muchos méritos. Ahora bien, lo que no aguanto es esa pose afectada, de mediopelo y facilona que tiene en general la crítica anglosajona cuando denosta a Shyamalan. Me leía hoy a una autora brillante del país (digámoslo, Pilar Pedraza) que reflexionaba sobre la malicia de los españoles, que nos cagamos en todo y en todos con nuestro sarcasmo abisal. Pero prefiero ese sarcasmo a la hipocresía yanqui, que celebra al Spielberg indio con el mismo entusiasmo que luego se lo carga. Opiniones, todos tenemos una, como culos, pero que a 147 críticos les parezca 'Cristal' una película podrida, en el argot de Rottentomatoes, me hace suponer que lo que está podrido es el buen gusto cinematográfico entre los susodichos críticos. Creo que lo dije antes: Ni puta idea de cine. Para el xatakero que haya llegado hasta aquí, una sola recomendación medio obligada: sácate entrada para 'Cristal'. Y lleva clínex. Una breve posdata. Justo después de verla, y a pesar de lo inaguantable que es Steve Frosty Weintraub de Collider (aunque sabe hacer preguntas), hay que verse estos cuatro minutos de entrevista con M. Night. Pena que no sean cuatrocientos, pero en cuatro se sobra. También te recomendamos El futuro está llegando: vamos a vivir una transformación a lo bestia DC Universe: precio, fecha de disponibilidad y TODOS los detalles del nuevo servicio de vídeo en streaming y cómics de DC 'Venom', crítica: una irregular epopeya antiheroica que sale a flote gracias al carisma de Tom Hardy - La noticia ‘Cristal’ es ‘El padrino’ de los superhéroes, el broche de oro a la saga más humana de lo sobrehumano fue publicada originalmente en Xataka por Ángel Luis Sucasas .

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Carla dijo en su último contacto estar “sentada sobre barro” con “la cara tapada”

La mujer que estaba desaparecida desde el martes pasado y que su cuerpo fue hallado en el Riachuelo, hizo un llamado a la Central de Alarmas de la Policía de la Ciudad donde describía el lugar donde se encontraba como un espacio con barro y también afirmaba estar con el rostro tapado.

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