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‘Instrucciones para robar supermercados’: Excursión porteña a los peores pecados de la carne

Haidu Kowski – 'Instrucciones para robar supermercados'

Tusquets

Parece rock pero es otra cosa: no por nada esa frase puede encontrarse tal cual en el libro. Parece, porque Franco, el protagonista, que es del Oeste y le gusta el rock, inventa y pule un método para robar carne de las cadenas de supermercados el primer día que se queda sin su trabajo de repositor. Pero lo que nace como una avivada criolla eventual se transforma en un negocio de repercusiones regionales, con empleados, un millonario oscuro apadrinando la iniciativa y la mafia china como rival incluidos.

Y no se trata del rock sino de la carne, "la principal droga argentina", como se la describe en sus páginas. Carne hay, y mucha: la vorágine de los acontecimientos no esquiva las drogas, legales ni ilegales, ni las fiestas. legales e ilegales. La apelación recurrente a una ética edulcorada de ladrón robinhoodeano ("Lo lindo de hacer esto es poder disfrutarlo con la gente que menos puede disfrutar", dice Franco) no disimula el despliegue aún más recurrente de fantasías violatorias machistas, por momentos de abierto morbo gore y -seamos sinceros- sin mucho gollete. Es por eso que cuando el autor, Haidu Kowski, puntualiza por ahí que esta novela es un experimento apolítico de pura ficción, cuesta comprar la excusa, sean cuales fueren las definiciones de política y de ficción pura con las que cada lector se sienta cómodo. En todo caso, la decisión estética de exaltar gratuitamente escenas que incluyen pedofilia contiene en sí un inquietante gesto político.

Lucía Mondino

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