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Los Espíritus deja su marca en el indie con dos fechas agotadas en Flores

Maxi Prietto, una de las cabezas de Los Espíritus.
Foto: RollingStone/ Ignacio Arnedo

Todavía no se abrió el telón del Teatro de Flores y Los Espíritus ya imponen su marca de estilo. A modo de warm up, las guitarras entrelazan punteos espiralados sobre un juego de percusiones con mucho de mantra selvático. Una vez los liderados por Maxi Prietto y Santiago Moraes quedan a la vista del público que agotó las entradas de la sala para esta fecha y la del sábado 24, el instrumental adquiere forma de canción ("Huracanes") pero siempre con el eje puesto en el cuelgue y el baile. Mientras El Mató a un Policía Motorizado hace lo suyo en Niceto Club, el sexteto (que a veces deviene en septeto) con base en La Paternal se consolida como el otro gran referente del indie, de la mano de una música que se mueve entre el blues suburbano de Manal y los colores latinos del primer Santana.

Con poco espacio para la interacción, como para que el flujo rítmico no se interrumpa durante las casi doras y media de show, Los Espíritus se plantan en escena con una propuesta que escapa al verticalismo de una banda de rock standard. No hay un frontman definido (Prietto y Moraes intercambian roles y sus voces son un elemento más del paisaje instrumental) ni un guitar hero en llamas (hay más zapadas extendidas que solos pirotécnicos), sino un grupo que se asienta en el latido del afroblues para pintar aguafuertes que, por momentos, atacan de lleno la coyuntura. "El pasaje salió el doble y ninguno dijo nada", canta Prietto en "La mirada", uno de los puntos más altos de la noche y de Agua ardiente, el disco que se encuentran presentando.

Una vez que su tercer álbum fue recorrido de principio a fin, el repaso por sus dos primeros, Los Espíritus (2013) y Gratitud (2015), alargó la celebración en estilo aquelarre barrial. Las cadencias bluseras de "Negro chico" y "La crecida" fueron los más coreados de la noche, tal vez por definir de manera más clara el ADN del grupo, mientras que "Lo echaron del bar" (casi un twist), y "Noches de verano" (con riff de rock & roll clásico) le añadieron una nueva velocidad al ritual. De fondo, la animación de la llama que ilustra Agua ardiente se mantenía con la misma intensidad que cuando todo comenzó.

Santiago Moraes y Maxi Prietto al fondo sumando sus voces al cuelgue instrumental de la banda de La Paternal.
Foto: RollingStone/ Ignacio Arnedo

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