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La nueva ola: Sueño de Pescado

Los referentes del grupo son Los Redondos y Estelares.
Foto: RollingStone/ Ana Bugni

En paralelo al indie-rock que gobernó la escena de La Plata durante buena parte de lo que va del siglo XXI,esta ciudad universitaria siempre conservó una escena de rock & roll latiendo con vitalidad bajo el legado estético y conceptual de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. "Somos parte de una generación muy ricotera", dice Juan Manuel Calabró, guitarrista y uno de los fundadores de Sueño de Pescado, la banda nueva con más proyección surgida en la tierra en la que Solari & Beilinson tuvieron su big bang a finales de los 70. "Era inevitable aprender de ellos: los Redondos son la primera escuela de la independencia."

En septiembre de 2013, Calabró y el cantante y compositor Manuel Rodríguez -que se conocían desde hacía más de una década de tanto cruzarse en shows y bares- se empezaron a juntar en el estudio del guitarrista para grabar algunas canciones. El plan no era sólo armar una banda sino cambiar el curso tóxico de sus vidas. "Teníamos que calmar la movida porque se iba todo al tacho", dice Rodríguez, que durante la década pasada lideró a Se Va El Camello, un grupo de rock de guitarras con tinte rioplatense, en el que se construyó a sí mismo como un líder carismático, reo y sensible.

Un par de meses después de su formación, con Martín Marroco en bajo (otro ex Don Lunfardo) y Luciano Manso en batería, Sueño de Pescado se puso a trabajar junto al ingeniero de sonido (y fundador del estudio Del Cielito) Gustavo Gauvry en Venganza primavera (2014), un primer disco de canciones de clima tenso y oscuro, cargadas con riffs de guitarras distorsionadas y letras que parecían disparar contra el pasado. "Queríamos que la banda tuviera fuerza rockera, pero que no perdiera la cuestión melódica, que nos parecía que estaba faltando", dice Rodríguez. "Ahí aparece la parte más romántica del rock."

Su segundo disco, Siglo pánico, editado en julio pasado, sigue la misma línea del debut, pero resulta menos confrontativo y más existencialista, con la voz gastada y aguerrida de Rodríguez aportando emoción de barrio sobre bases pesadas y guitarras rasposas. "El mensaje que le llega a la gente tiene que ver con la sinceridad y el compañerismo", dice el cantante. "No hay demagogia: es un análisis sobre nuestra realidad, que es la realidad de un montón de pibes."

Aunque es hijo de un prestigioso profesor de piano de la Facultad de Bellas Artes de La Plata, Rodríguez dice haber aprendido el oficio de la canción de Manuel Moretti, líder de Estelares, que a mediados de los 90 vivió en la casa de su familia durante más de un año. "Manuel estaba sin laburo, hasta la pija", recuerda. "Me chupé todo un año viendo cómo trabajaba."

En sus tres años de recorrido, el crecimiento de Sueño de Pescado resultó exponencial: en septiembre pasado agotaron El Teatro de Flores, en noviembre cortaron 2.600 tickets en el Microestadio de Atenas de La Plata, y en febrero debutaron en Baradero Rock. El grupo, ahora transformado en sexteto -se sumaron Agustín Bragoni en guitarra y Federico Macchi en teclados- ya empezó a grabar, nuevamente junto a Gauvry, los temas de su próximo disco, que saldrá a mitad de año. "Tuvimos la suerte de cruzarnos entre nosotros y encontrar la determinación", dice Calabró. "Trabajamos tanto para esto que de algún modo tenía que empezar a pasar."

Juan Barberis

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