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¿Por qué existen personas que le echan piña a la pizza o cebolla a la tortilla? La ciencia tiene la respuesta

Últimamente está de moda hablar de 'bloqueo'. Pero no hay bloqueo, como el que generan preguntas tan simples como "¿Con cebolla o sin cebolla?" o "¿Pedimos una pizza hawaiana?". Decir que esas son las verdaderas divisiones sociológicas y culturales de la humanidad es exagerado, pero no cabe duda de que son cuestiones que generan muchísima polémica.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué hay gente que adora la pizza con piña mientras otra la desprecia llamándola 'macedonia'? ¿Por qué hay gente que venera la cebolla en todas sus formas mientras otra es incapaz de llevarse a la boca un trozo de tortilla de patatas con cebolla pochada? Hemos decidido recurrir a la ciencia para ver si lográbamos resolver de una vez, y por todas, este eterno debate.

Lo que aprendimos (a comer) en la Sabana

Erectus

Quizá lo más sorprendente por contraintuitivo es que las influencias genéticas no tienen demasiada influencia en nuestra alimentación. Es decir, que uno no es sincebollista de nacimiento. En realidad, nacemos simplemente con una predisposición hacia lo dulce y una aversión hacia lo agrio o amargo. Por eso, muchos expertos avisan contra el abuso de preparados alimenticios ultraazucarados que los niños comen muy bien pero que 'atrofian' el paladar.

Estas tendencias solo se pueden explicar a la luz de evolución. Por ejemplo, nuestra preferencia innata a lo dulce se basa en que los productos dulces suelen ser seguros y nutritivos: las frutas maduras tienden a ser dulces, igual que los alimentos que más energía dan. En cambio, los tóxicos suelen tener sabores amargos y ese es uno de los motivos que parecen estar detrás de nuestra aversión natural a estos sabores.

Los gustos y preferencias innatas solo se entienden a la luz de la evolución

Algunos investigadores sugieren que hay diferencias entre géneros. Los hombres suelen tener predilección por la carne y las mujeres por los dulces. No obstante, pese a que culturalmente es fácil aceptar esa idea, no está claro del todo.

El gusto por lo salado lo desarrollamos un poco después porque es un buen indicador de alimentos que contienen minerales. Y normalmente tendemos a preferir los alimentos grasos a los bajos en calorías por ser una fuente muy potente de calorías. Se entiende fácilmente por qué los helados y las patatas fritas nos suelen volver locos. Sobre todo, a los niños.

Desde el útero materno

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Esto son las tendencias que de serie todos compartimos. Pero como decíamos, son tendencias muy generales. La parte importante sobre los sabores y el desarrollo del gusto la aprendemos. Y desde muy pronto, curiosamente.

Los estudios apuntan que desde antes de nacer. Según Mennella, Jagnow y Beauchamp, tanto el líquido amniótico como la leche materna cambian dependiendo de la alimentación de la madre y esos cambios juegan un papel esencial en la definición del paladar. Por ejemplo, está demostrado que los niños cuyas madres han consumido productos como anís, ajo o zanahorias reaccionan mejor a estos productos y disfrutan más de esos sabores.

A partir de aquí y hasta los dos o tres años, es el momento de ir introduciendo todos los alimentos fundamentales. Hay tablas de incorporación que explican cuándo y en qué orden hay que ir introduciendo cada producto en la dieta. Esto es muy importante porque cuando acaba esta fase, los niños desarrollan lo que llamamos "neofobia alimentaria". Vamos, que sienten miedo o rechazo a probar alimentos nuevos.

"No me gusta el brócoli"

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Es una fase y no hay que preocuparse demasiado, ni hacer girar la dieta en torno a lo que les gusta. Porque no es que el brócoli no les guste, es que no les gusta nada nuevo. Incluso puede que lo lleguen a odiar con todas sus fuerzas. La clave, me temo, es seguir poniéndolo en la mesa. De media, son necesarias entre 10 y 15 exposiciones para acostumbrarse a sabores que no gustan.

Aquí, los padres tienen un papel fundamental. Evitar alimentos es natural, pero si esa neofobia se extiende más allá de los ocho años, reduce seriamente la calidad de la dieta y puede producir problemas de ansiedad y autoestima. Y es que no comemos determinada comida porque nos gusta, nos gusta determinada comida porque la comemos. Una idea que, de una forma u otra, lleva repitiendo la psicología desde hace 150 años.

Sincebollistas y el frente antipiña

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Y llegamos a ese momento en que alguien pregunta "¿Le echamos cebolla a la tortilla?" o "¿Os apetece una hawaiana?". Entre bromas y polémicas, esas preguntas reflejan verdaderas divisiones en los grupos de amigos, los centros de trabajo y los medios de comunicación. Y no penséis que es una moda nueva: en 2004, el embajador italiano en Londres pidió que se boicoteara a los restaurantes que pusieran piña en la pizza.

La comida está 'rellena' de significados culturales y elementos simbólicos e identitarios

Nuestro gusto cambia conforme envejecemos, pero lo fundamental se mantiene. A partir de la adolescencia y juventud nuestro gusto está prácticamente definido. No sólo por la costumbre (muchos años comiendo prácticamente las mismas formulaciones y combinaciones de sabores), sino también porque a esas alturas la comida ya tiene fuertes significados sociales y culturales para nosotros.

Cuando probamos por primera vez la comida japonesa, no sólo nos acercamos a nuevos sabores y preparaciones: sino que nos aproximamos a un universo cultural distinto, un discurso propio sobre la comida. Es por eso que los otakus (aficionados al manga japonés) suelen ser aficionados también al ramen, al sushi y a sus derivados.

Somos lo que comemos y comemos lo que somos

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Para cuando nos enfrentamos a decisiones transcendentales como "cebolla sí o no", nuestra personalidad gastronómica puede llegar a pesar más que lo estrictamente culinario. Yo prefiero la tortilla cuajada a la de Betanzos, la morcilla de cebolla a la de Burgos y cualquier cosa comestible del universo al plátano o la banana.

Es esa 'personalidad gastronómica' la que hace que no nos expongamos lo suficiente a los nuevos alimentos y la que acaba convirtiendo la "buena mesa" en algo parecido al hooliganismo alimenticio. ¿Que por qué somos concebollistas y no soportamos la pizza piña en nuestras pizzas? Por la evolución, por nuestros padres, por el colegio en el que estuvimos, por nuestros amigos y familia, por los lugares donde vivimos. En definitiva, por la misma historia de aprendizaje que nos ha hecho ser quien somos.

Imágenes | Wikia, CebollaWars, Giulian Frisoni

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La noticia ¿Por qué existen personas que le echan piña a la pizza o cebolla a la tortilla? La ciencia tiene la respuesta fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .

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La mejor ruta para visitar Silicon Valley

La primera vez que aterricé en el Aeropuerto Internacional de San Francisco y me dispuse a tomar un coche de alquiler por la U.S. Highway 101 en dirección a San José, el gran impacto para mí no estuvo en el diseño de la arquitectura local o en el aspecto del terreno, que gracias a su cálido clima es muy similar al que encontramos en gran parte de España, sino en los luminosos carteles que presidían los edificios de oficinas que iba encontrando. A ambos lados de esa gigantesca autopista donde camionetas y todoterrenos más grandes que mi salón circulaban diligentemente por cualquiera de sus decenas de carriles (y no estoy exagerando), veía pasar las sedes de compañías cuyos productos o servicios había estado usando desde hace años desde hace años. Los logotipos de Evernote, Oracle o Salesforce.com me recibían en mi llegada a Estados Unidos. De pronto, los iconos de aplicaciones que había usado durante años en mis dispositivos se hacían realidad física en forma de grandes edificios rodeados de vastas zonas ajardinadas para uso y disfrute de sus empleados. Sí, básicamente me estaba moviendo por una gigantesca zona industrial sin ningún encanto estético en particular, pero para un apasionado de la tecnología como yo ver todo aquello resultaba especialmente estimulante. Silicon Valley, el famoso Valle del silicio, ese cuyo nombre todo el mundo conoce e idealiza en cierto modo, pero que casi nadie termina de imaginarse en forma física, empezaba a desplegarse ante mí de la forma más americana posible: siguiendo durante millas y millas el trazado de una enorme e implacablemente trazada carretera. Bienvenidos al Condado de Santa Clara Dejadme ser honesto con vosotros: por nada del mundo os recomendaría visitar esta zona si no sois realmente aficionados la tecnología. Situado al sur de la encantadora San Francisco, a simple vista el rico condado de Santa Clara se caracteriza por su terreno árido, muy similar al que podríamos encontrar en el margen mediterráneo de España, y por estar prácticamente recubierto por poblaciones que viven por y para las grandes empresas que allí se asientan. Eso sí, a poco que nos interese la informática, su historia y todo lo que hoy se mueve en torno a ella, este condado será parada obligada en nuestra visita a California. De hecho, no nos llevará más de un día visitar los puntos obligatorios de la zona, dos si nos lo tomamos con mucha calma, siempre y cuando contemos con vehículo propio para realizar los desplazamientos por esta vasta área. No nos llevará más de un día visitar los puntos obligatorios de la zona, dos si nos lo tomamos con mucha calma En sí, el Valle de Santa Clara que sirve como referencia geográfica para esta mitificada zona apenas cuenta con más de 50 kilómetros de longitud y una anchura de algo más de 20 kilómetros, con San José como gran centro urbano. A lo largo del mismo, localidades como Palo Alto, Mountain View, Cupertino o Sunnyvale se suceden sin una diferenciación evidente entre ellas, dada la alta densidad de terreno urbanizado de la zona. Sin tener en cuenta el factor cambiante del tráfico, algo más de media hora de carretera separa San Francisco de la entrada norte al Valle, mientras que el regreso desde el punto más alejado no debería suponer más de una hora. Estas referencias temporales se pueden multiplicar por tres o cuatro perfectamente si no tenemos en cuenta las horas a las que los trabajadores locales se desplazan; afortunadamente, las apps de mapas más habituales son particularmente efectivas informando del estado del tráfico en este territorio (cosa lógica si tenemos en cuenta que gran parte de sus creadores habitan allí y son por tanto los primeros interesados). Subiendo y bajando por El Camino Real Una anécdota local que siempre me fascinó fue la de que en Estados Unidos se llegan a construir autopistas lo suficientemente anchas como para que pueda aterrizar en ellas un avión en caso de emergencia. Suena excesivo para nuestros estándares, pero representa a la perfección la forma en que los americanos entienden el tamaño de todo: su comida, sus coches, sus casas y sus carreteras. Fiel reflejo de ello es la mastodóntica Ruta 101 que a su paso por la Bahía de San Francisco sirve como espina dorsal para Silicon Valley y es, por tanto, la vía más efectiva para desplazarse por él cuando no se encuentra congestionada. Paralelo a la misma avanza El Camino Real, la antigua carretera que conectaba las misiones españolas en California y que hoy actúa como principal avenida de las poblaciones que se distribuyen por el Valle. La antigua carretera que conectaba las misiones españolas en California actúa como principal avenida de las poblaciones que se distribuyen por el Valle Denominada a efectos oficiales como la Ruta 82, será la vía más pintoresca de cubrir la zona por atravesar el corazón de cada localidad, aunque aquí ya tendremos que hacer frente constante a cruces y semáforos que obviamente harán el recorrido más lento que la autopista, siempre y cuando no haya atasco en ella. Una combinación de ambas, haciendo uso de nuestra app favorita de mapas para conocer el estado del tráfico, logrará que optimicemos al máximo nuestro periplo. Durante kilómetros y kilómetros, pueblos que se confunden entre sí, establecimientos comerciales de una sola planta, concesionarios de coches de lujo y los campus de las más importantes empresas de tecnología serán la tónica constante del Camino Real, sustituyendo así a los asentamientos religiosos españoles que buscaron llevar el cristianismo a la zona entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. La ruta de los garajes Tan interesante como conocer los modernos complejos en los que se construye el presente de la tecnología es viajar a los orígenes del corazón de esta industria. Y para ello, obviamente, nuestra primera parada obligatoria será el garaje de HP, en Palo Alto (367 Addison Ave). A simple vista no es más que una bonita casa con una valla tan cerrada como el resto y un cartel metálico que nos hará saber que fue ahí donde William Hewlett y David Packard construyeron su primer oscilador de audio en 1938. La ruta de garajes para el recuerdo continúa en Los Altos (11161 Crist Drive), ante el blanco portón tras el cual Steve Jobs y Steve Wozniak fundaron Apple en 1976. En una calle residencial como otra cualquiera y sin ningún encanto aparente, nada nos hará sospechar del icónico emplazamiento en que nos encontramos salvo un letrero a pie de calle que nos pedirá que no accedamos a esta propiedad privada. Sería un error haber llegado hasta aquí y no dedicar unos minutos a estas singulares paradas tan rodeadas de mito La trilogía se cierra con el más reciente de esta sucesión de aparcamientos convertidos en germen de multinacionales: el garaje de Google, en Menlo Park (232 Santa Margarita Ave), que la ahora CEO de YouTube Susan Wojcicki alquiló en 1998 a Larry Page y Sergey Brin para que pusieran en marcha su idea siguiendo la tradición local. De nuevo, poco más que un portón cerrado en una coqueta calle residencial para poder decir que estuvimos allí. No os quiero engañar: no habrá nada más que hacer en estos tres emplazamientos que aparcar en cualquier lugar (sitio para ello hay de sobra, no os preocupéis), observar el lugar, tomar un par de fotos y seguir la ruta. Justificar una visita así a compañeros de viaje que no sientan especial predilección por la historia de la informática será complicado, pero en mi opinión sería un error haber llegado hasta aquí y no dedicar unos minutos a estas singulares paradas tan rodeadas de mito. Tocando a la puerta de los gigantes Mucho más vistoso será visitar los terrenos de juego de los grandes gigantes de la informática que habitan aquí. Por atractivo, relevancia y por lo que se puede llegar a hacer en ellos, los dos puntos obligatorios aquí serán Googleplex en Mountain View e Infinite Loop en Cupertino (al menos mientras se completa el Apple Campus 2 a unos pocos kilómetros de distancia). En el primer caso, para visitar el célebre campus de Google no tendremos más que conducir hasta Amphitheatre Parkway, en Mountain View, y dejar el coche aparcado donde nos plazca. Seremos libres de pasear por el enorme y bonito terreno construido como centro neurálgico del coloso de Internet, aunque obviamente el acceso a los edificios donde se cuece todo sí estará restringido. Para ver las famosas estatuas de Android tendremos que dirigirnos al centro de visitantes en en 1911 Landings Drive, y quienes sean tan fanáticos como para querer invertir su dinero en merchandise de la casa, la Google Merchandise Store está en un poco más adelante, en el número 1981. Por cierto, aunque aparentemente al alcance de cualquiera, las famosas bicicletas adornadas con los colores del logo de la compañía están reservadas para uso de los empleados, así que dejo a decisión vuestra hasta dónde queréis llegar con ellas. A solo 15 kilómetros de distancia (con lo grande que es el mundo, chico) se encuentran los cuarteles centrales del otro gran actor de la tecnología actual: el primer Apple Campus, en el 1 de Infinite Loop. Mucho más pequeño que Googleplex, en este caso no encontraremos el contexto de un amplio campus a su alrededor por el que pasear, dado que gran parte de las oficinas de la Manzana están en realidad diseminadas por todo el Valle. Además de tomar unas cuantas fotos con los famosos carteles de la zona, solo podremos acceder a la recientemente renovada tienda de la compañía, situada junto a la entrada principal. Es el único lugar del mundo donde se puede comprar merchandise exclusivo de Apple, incluyendo camisetas, tazas y material de papelería. Y por ahora, hasta aquí llegamos, porque ya os aviso que si intentamos ver el Campus 2 (19111 Pruneridge Avenue) solo nos encontraremos con una enorme extensión de terreno rodeado de una malla de rafia verde. Hay otros campus en la zona, aunque en general resultan mucho menos atractivos y solo los recomendaría en caso de que nos sobre mucho tiempo: el de Facebook en Menlo Park (1 Hacker Way) llama la atención por su bello enclave a orillas de la bahía, el de HP lo podremos ver sin tener que bajar del coche cuando nos acerquemos a la pintoresca Palo Alto y el de Yahoo! en Sunnyvale (701 1st Ave) cuenta con una arquitectura llamativa en un ambiente bucólico. Para otros cuarteles como eBay o Netflix será necesario conducir hasta el final del Valle, y tampoco merecen especialmente la pena. Museos y otros puntos imprescindibles Una vez vistos (y fotografiados) los garajes de marras y las oficinas que más interés nos despierten, lo apropiado para completar nuestra ruta al corazón de la industria informática pasará a estar en dos museos que estimularán completamente al geek que llevamos dentro: el Computer History Museum en Mountain View (1401 N Shoreline Blvd), donde podremos dar un repaso a la historia de los ordenadores e incluso echar una partida a 'Pong' como en su momento se concibió por 17,50 dólares, y el Intel Museum en su sede de Santa Clara (2200 Mission College Blvd), el espacio de visita más atractivo que ofrece cualquier compañía de la zona. El Intel Museum en su sede de Santa Clara es el espacio de visita más atractivo que ofrece cualquier compañía de la zona Aunque suponga abandonar la temática informática, otro punto de interés altamente recomendable es el Centro de Investigación Ames que tiene la NASA la zona de Mountain View conocida como Moffett Field. Cuenta con un pequeño centro para visitantes, pero destaca sobre todo por la impresionante vista que ofrece el Hangar One, una gigantesca estructura que sirvió para dar cobijo al USS Macon. Un último enclave realmente digno de visitar, y vinculado también a la historia de la tecnología, es el campus de la Universidad de Stanford, ubicado en el corazón de la pequeña localidad del mismo nombre. Entre bonitos edificios de ladrillo beige y estatuas de Rodin al aire libre, este espacio representa uno de los principales núcleos del conocimiento del Valle y nos ofrece además un paseo extraordinariamente agradable para completar nuestro recorrido por la tierra del silicio. Cinco sitios para comer entre geeks Ninguna ruta turística estará completa sin la correspondiente lista de locales recomendados para comer. Entre visita a empresa y empresa, estos cinco restaurantes nos permitirán recuperar las fuerzas necesarias para continuar nuestro viaje: Sushi Tomi (635 W. Dana Street, Mountain View): un pequeño establecimiento en una calle perdida de Mountain View que ofrece el mejor sushi de todo el Valle. No dejéis que su aspecto cutre os engañe y reservad antes de ir, que está siempre hasta arriba. The Counter (369 South California Avenue, Palo Alto): más allá de las cadenas de hamburgueserías típicas que ya tendréis tiempo de visitar, como In-N-Out o Five Guys, recomiendo hacer parada en Palo Alto para visitar este local donde podremos personalizar al máximo nuestro plato. Henry's Hi-Life (301 W. St. John St., San José): costillares tan contundentes que pondrán a prueba nuestra concepción de lo que es comer mucho. Es un local grande y con mucho encanto a la entrada de San José, pero ir sin reserva supondrá tener que aguantar una buena cola. Terún Pizza (448 California Ave, Palo Alto): sí, se que estaréis pensando que para comer un buen italiano no hace falta ir hasta California, pero este local está a un nivel tan alto, que sería delito dejarlo fuera de la lista. Si estáis por la zona y tenéis antojo de pizza, no la encontraréis mejor. Amber India (4926 El Camino Real, Los Altos): comida india de reconocido prestigio en la zona. Pedid su menú de degustación, que incluye (literalmente) decenas de platos y preparaos para descubrir lo que es una digestión verdaderamente pesada. También te recomendamos 11 lugares a los que la tecnología ha convertido en turísticos Mil maneras de morir en el espacio: los retos médicos del sueño espacial Dispositivos, marcas y tendencias, todo lo que nos trae el Mobile World Congress - La noticia La mejor ruta para visitar Silicon Valley fue publicada originalmente en Xataka por Torres .

AMD Ryzen y la promesa de volver a una lucha de tú a tú con Intel

En AMD parecen estar acostumbrados a ir tras la estela de Intel. Lo hicieron durante años en los 90 y tras una etapa dulce a principios del nuevo milenio la empresa quedó en un segundo plano tras una acertada estrategia y ejecución por parte de Intel. Ambas empresas han visto cómo el protagonismo de los PCs y portátiles se iba difuminando, pero eso no ha impedido que dejen de ofrecer soluciones cada vez más llamativas. Durante años AMD ha asumido su papel de segundón en el mercado, pero los AMD Ryzen podrían cambiarlo todo y devolvernos una competitividad que hacía años que no veíamos entre estos dos grandes fabricantes de semiconductores. Una rivalidad histórica Hubo un tiempo en el que Intel dio acceso a los diseños de sus procesadores a AMD. La licencia permitía a esta compañía fabricar microprocesadores que eran básicamente copias del 8088 y del 80286 y que se utilizaban en ordenadores de IBM y clónicos. AMD no implementaba mejoras técnicas, pero sí logró ofrecer versiones forzadas que funcionaban a mayores frecuencias de reloj. El AMD K5 fue el primer procesador x86 "original" de este fabricante, y se lanzó en 1996. La "K", por cierto, procedía de la palabra "kriptonita". Eso no gustó a Intel, que se encontró con un competidor peligroso. En 1985 la empresa lanzó sus 386, y con ellos cerró el grifo de las licencias. Eso puso a AMD en una situación comprometida, haciendo ingeniería inversa de los micros de Intel para lograr ofrecer ediciones compatibles y equivalentes. Aquel proceso era largo y costoso: en AMD no sacaron un competidor digno de los 386 de 1985 hasta 1991, y lograron acelerar un poco con el competidor del 486 de Intel, que apareció en 1989 y del que AMD puso un rival en el mercado en 1993. La firma lograba competir gracias a los competitivos precios de sus procesadores, pero esa estrategia tenía fecha de caducidad: no era viable a largo plazo. Ahí es donde entró el primer diseño original de AMD, aquel K5 equivalente al Pentium que apareció un año después de que el poderoso Pentium Pro estuviera disponible. AMD seguía sin poder competir aún a nivel técnico, pero como cuentan en Ars Technica, hubo un punto de inflexión con la compra de NexGen, la empresa fundada por Atiq Raza, calificado por el CEO de AMD, Jerry Sanders, como "El Michael Jordan del diseño de microprocesadores". La era dorada de AMD con sus Athlon Aquella alianza dio como resultado el K6, un procesador que por fin aparecía al mismo tiempo que los Pentium II y que era competitivo tanto en precio como en prestaciones. Aquel procesador demostró que AMD podía hacer muy bien las cosas, y aunque los problemas financieros asediaban a la compañía, AMD logró crear un procesador ahora casi mítico: el K7, que acabaría bautizándose con un nombre mucho más conocido: Athlon. Este es el Athlon a 1 GHz que le hizo la pascua a Intel, y que se fabricaba con ese singular Slot A que durante un tiempo estuvo de moda, como el Slot 1 equivalente de Intel. Ese procesador, que apareció en el mercado con una frecuencia de 500 MHz, fue el principal competidor de los Pentium de Intel y de esa frenética carrera por los megahercios que hacía que cada pocas semanas aparecieran versiones mejoradas de esos micros con frecuencias aún mayores. En marzo de 2000 ocurría lo impensable: AMD adelantaba a Intel y era la primera en sacar al mercado un procesador a 1 GHz. Las cosas seguirían marchando muy bien para AMD, que a finales de 2003 lanzaría sus Athlon 64, un procesador con soporte de arquitecturas de 64 bits que se adelantaría de forma notable a la propuesta de Intel, que no llegaría hasta más de un año después. Aquel fue el punto álgido de una carrera que poco después acabó dominando Intel. Su famosa campaña de marketing con el eslogan "Intel Inside" funcionó a las mil maravillas, pero eso se unió a los problemas de AMD —que gastaba más de lo que ganaba, sobre todo en plantas de producción de microprocesadores— y al buen hacer de Intel. La empresa abandonó a tiempo la arquitectura NetBurst que no daba para más y cambió de tercio. En lugar de ir a por los megahercios trabajó en la relación entre eficiencia y prestaciones. De ahí nacieron los Pentium M y, por fin, la arquitectura Core que sentaría una nueva era para sus procesadores. Comenzaban a ponerse en marcha sus ciclos tick-tock, y con ellos la empresa logró irse distanciando de AMD con diseños de arquitectura y procesos de fabricación más avanzados que los de su competidor. AMD volvía a ir tras la estela de Intel salvo quizás en el terreno de los servidores, donde sus Opteron tuvieron una gran repercusión. En el resto de gamas AMD continuaba ofreciendo productos interesantes, pero si uno buscaba el máximo rendimiento tenía que dirigir sus pasos hacia los productos de Intel. Eso podría cambiar ahora. AMD, no lo estropees esta vez La llegada de los AMD Ryzen que se anunció ayer se producirá el próximo 2 de marzo, y será entonces cuando por fin podamos valorar si las pruebas de rendimiento confirman lo que muchos rumores previos ya han adelantado: que estamos ante los nuevos campeones de la relación precio/prestaciones. En esa gráfica se puede apreciar cómo los AMD Ryzen 7 1700X logran situarse justo por debajo de los Core i7-6900X. Que ese tercer puesto no os engañe: el i7-6900K cuesta 1.050 dólares en tiendas, mientras que el Ryzen 7 1700X tendrá un precio de 389 dólares, casi tres veces menos. Los datos son aún más prometedores para el Ryzen 7 1800X que cuesta 499 dólares y que según datos filtrados habría batido el récord de rendimiento en el benchmark de Cinebench para procesadores sin overclocking. Teniendo en cuenta que estos micros tendrán un amplio margen de maniobra también en este apartado, la cosa se pone especialmente interesante. Ahora solo queda cruzar los dedos y esperar que AMD no cometa los mismos errores del pasado. En 2007 los Opteron de la familia Barcelona tenían un problema gravísimo que acabó solucionándose con versiones recortadas en rendimiento, pero es que aquel desastre se repitió en 2011, cuando la prometedora arquitectura Bulldozer no cumplió lo esperado. Este 2017 podría ser por tanto un gran año para una AMD que llevaba demasiado tiempo en ese discreto segundo plano. A los AMD Ryzen se sumarán en pocos meses las gráficas con arquitectura Vega, y será entonces cuando podamos comprobar si como parece la empresa le ha dado la vuelta a la tortilla y reactiva la batalla con Intel y con NVIDIA. A ver si es verdad, AMD. Ya era hora. En Xataka | AMD Ryzen: nuevos detalles del potente procesador para PCs de alto rendimiento y gaming También te recomendamos Que viva el overclocking: todas las CPUs AMD Ryzen tendrán soporte para esta opción AMD Ryzen: nuevos detalles del potente procesador para PCs de alto rendimiento y gaming Así es la Serie 9000 de AEG: la única lavadora que mejora la calidad del agua para cuidar tu ropa - La noticia AMD Ryzen y la promesa de volver a una lucha de tú a tú con Intel fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .